Casi tres semanas después de la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad de Ceuta, los vecinos siguen encontrándose en una situación completamente excepcional. La problemática se agrava en la periferia. En los barrios de Hadú y Los Rosales, la tensión social sigue presente en las calles.
Los vecinos aseguran que poco a poco intentan recuperar la normalidad, aunque reconocen que todavía queda mucho para que sus vidas vuelvan a ser la que era antes.
Entre las diferentes voces y opiniones, también encontramos a vecinos enormemente solidarios y conscientes de la situación de emergencia humanitaria
🏙️ Barrios al límite y vecinos solidarios: la situación en Hadú y Los Rosales.
Casi tres semanas después, los vecinos reconocen que todavía queda mucho para llegar a la situación anterior, aunque también hay espacio para la solidaridad.
📍 Tienes toda la información en El Faro… pic.twitter.com/zhzJOOb1OR
— El Faro de Ceuta (@ElFarodeCeuta) August 18, 2026
La solidaridad es también protagonista
Abdeselam Mohamed, presidente de la Asociación Alas Protectoras, hace un llamamiento a la cordura y la humanidad: “primero está la solidaridad, y luego que el gobierno haga su trabajo”. “Nosotros como personas hemos intentado aportar nuestro granito de arena, aquí han venido gente sangrando y no podemos permitir eso”.
Afirma que ha estado curando a los jóvenes que iban con heridas, dejándoles ducharse y cargar los móviles. Abdeselam ha llegado incluso a hablar con las familias de estos jóvenes, ha comprendido su situación e incluso les ha informado de la realidad de quedarse en España.
Muchos, según Abdeselam, llegan creyendo que van a encontrase con una situación más agradable. Él intentó convencer a algunos de estos jóvenes para que volvieran a Marruecos, comentándoles y haciéndoles ver la falta de recursos de las que disponemos en la ciudad para atenderlos a todos.
La realidad, la vida en estos barrios es mucho más cruda, por eso la mayoría de ellos volvieron a su país de origen. España no era aquel país que les prometieron por redes sociales. No obstante, muchos de los que quedan deambulando por las calles seguirán haciéndolo, esperanzados de encontrar un futuro mejor.
El odio, la crispación y el racismo siempre puede aflorar en situaciones como la actual. Abdeselam afirma que es “caballa y aquí moriré con las botas puestas”. “No va a funcionar lo de crear odio entre nosotros, tenemos que proteger más la frontera, pero ayudarles si llegan aquí porque somos humanos”, comenta.
Las peleas, la falta de seguridad en el barrio y la situación de desamparo a la que están sometidos tanto vecinos como inmigrantes, es lo que, según otro vecino de Hadú, tiene a las personas preocupadas y crispadas. “Están tardando mucho en dar una respuesta, llevamos veinte días y todavía no hay solución”. “Es normal que haya esa crispación, hay peleas y muchas personas pidiendo en la calle”, lamenta el vecino.
Los vecinos no ven solución
Antonio, natural del barrio de Hadú, lleva 84 años viviendo en el mismo sitio y afirma que nunca ha visto una situación igual a la actual. La vida en el barrio, según Antonio, sigue igual tras casi tres semanas. Lamenta el hacinamiento de los inmigrantes en la playa de Benitez y, a día de hoy, sigue sin comprender la falta de soluciones.
Najwa, una joven de 26 años, destaca la alarma social que se ha creado con respecto a este tema. Entiende que no podamos hacer una vida completamente normal y lamenta que todavía no haya solución a este problema, tanto para los vecinos del barrio como para los propios inmigrantes.
Es consciente de que ellos “no tienen culpa tampoco”, pero también piensa de que la gente de aquí está “rodeada de personas que no conoce”, por lo que comprende la inseguridad que sienten muchos vecinos. Reclama una solución por parte del gobierno, quiere “que se escuche al pueblo”.
En general, los vecinos de estas barriadas consideran que la situación sigue lejos de normalizarse y que, veinte días después, la realidad apenas ha cambiado. La diferencia, aseguran, es que son ellos mismos quienes están intentando recuperar poco a poco sus rutinas: salir a tomar un café, pasear o hacer cualquier actividad cotidiana que durante estas semanas ha quedado, para muchos, prácticamente paralizada.






Alimentarlos es parte del problema. Dándoles de comer perpetuáis el problema.
TIENEN QUE VOLVER.
Los islámicos de Ceuta y los que han venido de Marruecos forman parte de lo mismo.
Por eso los ayudan.