La situación no ha pillado por sorpresa ya que desde la dirección de la propia planta de transferencia del Hacho ya se había advertido a las autoridades de la presencia de MENA por la zona. Según temporadas, se aproximaban grupos reducidos esperando los momentos en que los trabajadores no les ven para colarse en alguno de los camiones. Exactamente igual que hacían y siguen haciendo los inmigrantes subsaharianos, que cada día, aunque en número más reducido, siguen la ruta del Hacho hasta alcanzar la planta y buscar el momento de la escapada. Ha habido muertes, también accidentes graves en los que inmigrantes han salvado milagrosamente la vida, pero aún así tanto los adultos como, ahora, los menores, continúan acercándose a la planta para buscar, en ella, el trampolín para llegar a la península.
Lo más grave de este asunto es que los propios menores del Hacho son los propios en contagiarse y alimentar ese efecto llamada. Entre ellos se cuentan las hazañas de otros compatriotas y amenazan con intentar seguir sus pasos en el momento en que los responsables de la planta bajen la guardia o aprovechen la ausencia de patrullas de la Guardia Civil que acostumbran a patrullar este lugar.
Las ‘bajas’ durante la Pascua
La celebración de la Pascua del Sacrificio ha dejado curiosas ‘bajas’ en el centro de La Esperanza. Se supone que los niños que están tutelados no tienen familia y ni se sabe dónde pueden encontrarse sus padres. Pues bien, resulta que con motivo de la Pascua del Sacrificio se ha registrado media docena de bajas correspondientes a menores que han marchado a Marruecos para, se supone, celebrar la fiesta con sus familiares. Aquí queda en evidencia el control fronterizo para detectar su posterior entrada.






