Asunción Balaguer es una de esas actrices entrañables e inolvidables que transmite energía y vitalidad en cada una de las palabras que pronuncia. Con esta máxima acude hoy a Ceuta para representar ‘El Pisito’ acompañada por Teté Delgado y Pepe Viyuela. Balaguer habló con ‘El Faro’ mostrando su cara más amable y contagiando a todos con su sonrisa y alegría, compartiendo a la vez su visión del teatro.
–Su personaje en la obra tiene 87 años. ¿Cómo lleva que le pongan más edad de la que tiene? (nació en 1925)
–(Risas) ¡Me encanta! Yo ya no puedo hacer personajes de cuarenta años. Este es un personaje delicioso que me trae muchas alegrías y lo paso muy bien representándolo. Ha sido todo un regalo. En mi trayectoria he hecho muchísimos personajes: reinas, pordioseras, locas... de todo. Pero esa experiencia te obliga a observar el mundo y, sin duda, es una profesión que amo. Si volviera a nacer volvería a ser actriz sin pensarmelo, me divierte muchísimo.
–A lo largo de todos estos años de profesión habrá sacado bastantes conclusiones. ¿Qué es lo principal que ha aprendido del mundo del espectáculo?
–Primero he aprendido que se trabaja comunicándonos mucho. Somos como una orquesta, si suena mal el violín pues la cosa no funciona. En esta obra yo me encuentro muy bien porque estamos muy coordinados y trabajamos todos para el bien de la función. Cada cual somos personajes enteramente distintos, igual que ocurre en la vida, que hay choques y armonías. Somos todos muy distintos, pero hay una línea que nos une y debemos de unirnos porque de las controversias no se saca nada.
–¿Cómo lleva trabajar con Pepe Viyuela y Teté Delgado?
–¡Es excelente! Él es una gran persona y un mejor actor y con una gran actor se trabaja muy a gusto. Digamos que nos correspondemos porque él recoge lo que yo hago y yo recojo lo que él hace. Con Teté me pasa lo mismo. Teté quizá sea el personaje más dispar porque es la que manda y quiere que todo el mundo haga lo que ella quiere, aunque la vieja (su personaje) pone la batuta y aplica un poco la sabiduría de la edad para torearla un poco. A pesar de todo, Teté puede salirse al final con la suya (risas). Ella es muy simpática y un encanto de persona. Debo admitir que toda la compañía está llena de gente espléndida. Creo que este es un regalo que me ha dado la vida. Además, yo ya conocía a Pedro Olea, que también es director de cine, y dirigió a Paco (Rabal) varias veces. Así que desde que trabajo con ellos me siento feliz.
–Ahora que nombra usted a Paco Rabal, supongo que guardará muchos recuerdos de él. ¿Tiene alguno especial que le venga a la mente cada día?
–Sin duda son los mejores recuerdos de mi vida. No pasa un día en que no lo recuerde. Le echo mucho de menos, sobre todo al final de nuestra vida. Cuando ya somos mayores las parejas se quieren más y nos damos cuenta de que los azares de la vida nos han unido muchísimo, sobre todo cuando nos hemos apoyado mutuamente. Yo creo que Paco me dejó, pero me sigue protegiendo. Nunca se va uno del todo. Además quedan los hijos y los descendientes de los hijos. ¡Yo tengo hasta bisnietos! Así que ya hemos cumplido.
–En cierto modo una época que renunció a su carrera para sacar adelante su familia. ¿Se ha arrepentido alguna vez de aquello?
–No me arrepiento nada, y es más lo volvería a hacer. Además, si él (Paco Rabal) hubiera sido arquitecto quizá lo hubiera echado un poco más de menos, pero por fortuna compartíamos el mismo oficio y las mismas ilusiones. Sus trabajos eran como míos también. Él era tan extrovertido que cuando venía de los rodajes me explicaba cómo había estado haciendo las escenas y a lo mejor me pedía que le pasara un texto y le ayudara, así que para mi ha sido como si realmente hubiera estado trabajando con él. Sus éxitos los sentía como míos también porque los disfrutaba en todos los sentidos. Moralmente, emocionalmente y económicamente también. ¿Por qué no? (Risas) Lo suyo era mío.
–Igualmente, en este tiempo habrá vivido diferentes épocas en el mundo del espectáculo. ¿Cree que el actual es uno de los mejores o de los peores?
–Pues mira, estamos pasando un buen momento de teatro. El público está abarrotando los teatros cada vez más. Se ve que se está cansando de la televisión. Supongo que se debe a que en el teatro los diálogos están bien escritos, porque los hace una persona que sabe cómo construirlos, y eso les permite gozar de las situaciones. Se trata de un trabajo directo en el que el público recibe nuestras emociones y nosotros las emociones del público, con lo que se produce un cierto intercambio. Además, no hay ninguna representación igual. Esto puede ser lo bonito del teatro, que cada día es una función particular, para un público distinto. Además te permite disfrutar de los aplausos, las alegrías y sonrisas del espectador. Nosotros ponemos mucha energía y vitalidad y el público responde muy bien.
–¿Hay alguna persona con la que le hubiera gustado trabajar y todavía no haya podido?
–A mi me gusta trabajar con los que yo considero buenos actores porque te ofrecen mucho. Por fortuna, actualmente hay un plantel de actores fantásticos. Lo que sí que me gustaría sería hacer una obra de teatro clásico, en verso. Lo que pasa es que en este tipo de teatro hay pocas viejas (risas). Me gusta mucho la poesía y de hecho tengo montado un monólogo que me escribió y dirigió Rafael Álvarez ‘El Brujo’. Así que cuando no tenga ninguna obra de teatro retomaré este proyecto porque me gusta mucho. El monólogo es muy bonito. Está basado un poco en mi vida e intercalamos poemas de Antonio Machado. Pero ahora con ‘El Pisito’ no tengo tiempo.
–En la función hace usted de una señora mayor de la que se intentan aprovechar para conseguir un piso. A pesar de que 'El Pisito' está ambientada en los años cincuenta, ¿no cree que refleja muy bien la situación actual?
–En el fondo sí, está claro que es lo mismo. Hasta en las comedias griegas encuentras que el hombre ha cambiado muy poco. El fondo humano sigue siendo el mismo siempre. Cuando una obra está bien hecha y bien observada se convierte en algo universal. Además, Azcona (el autor) era un gran observador de la vida y supo sacar las consecuencias de nuestra España negra, porque tenemos un humor muy negro, inteligente, pero negro. Estamos pasando una época complicada y deberíamos pensar un poco más en el país y menos en la política particular de cada uno, porque al final el que lo sufre es el obrero trabajador. Yo espero que esto cambie.
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