La historia reciente de Ceuta guarda en sus archivos un capítulo que, visto con la perspectiva del tiempo, parece extraído de un guion cinematográfico de serie negra.
Sin embargo, lo que ocurrió a finales de los años 90 no fue ficción, sino un intento deliberado por parte de Jesús Gil y Gil de extender su modelo de gestión –tildado de "mafia pura"– desde la Costa del Sol hasta las ciudades autónomas.
Un reciente y revelador reportaje del programa 'Anatomía de...' de laSexta ha vuelto a poner bajo el foco mediático cómo el aparato del Estado tuvo que ponerse en marcha, con una contundencia inusual, para frenar las ambiciones de quien hoy es recordado como el 'Trump patrio'.
Tras consolidar su poder en Marbella con mayorías absolutas aplastantes que dejaron al Partido Popular sin representación, Gil se sintió invencible.
Respaldado por su partido, el Grupo Independiente Liberal (GIL), y un séquito de "estómagos agradecidos", el constructor y presidente del Atlético de Madrid puso sus miras en Ceuta y Melilla.
No era una simple estrategia de expansión política; para las autoridades de la época, se trataba de un desafío a la estabilidad nacional en una zona de especial sensibilidad geopolítica.
La llegada de Gil a Ceuta no fue vista por Madrid como una simple alternancia democrática. Según testimonios recogidos en el programa de laSexta, la preocupación en el Palacio de la Moncloa era máxima. Cristina Almeida destaca que el control de las fronteras en Ceuta y Melilla es crítico, ya que por ellas circula el tráfico de drogas, armas y personas.
La posibilidad de que un personaje con los antecedentes y métodos de Gil gestionara estos enclaves fue calificada como "peligrosa" y "preocupante".
El periodista José Carlos Villanueva señala que el "aparato del Estado" –incluyendo al Gobierno, la Fiscalía General del Estado y el propio CNI (entonces CESID)– se activó para detenerle.
La sospecha era que Gil pretendía replicar en Ceuta el modelo de Marbella, pero con agravantes: buscaba crear paraísos fiscales, casinos y puertos francos que, en la práctica, funcionarían como un gigantesco "lavadero de dinero" en pleno Estrecho de Gibraltar.
Según Celia Villalobos, lo que Gil quería hacer era comparable a "lo que Trump quiere hacer hoy en Gaza": un modelo de negocio sin respeto a las normas en territorios extremadamente complicados.
El 'asalto' definitivo a Ceuta se produjo mediante una maniobra que todavía hoy genera indignación en la memoria política de la ciudad. A pesar de los esfuerzos del Estado por frenarle, Gil consiguió ganar las elecciones, pero necesitaba un apoyo clave para arrebatar la alcaldía a Jesús Fortes (PP), quien gobernaba con el respaldo del PSOE. Ese apoyo llegó a través de la tránsfuga socialista Susana Bermúdez.
Los detalles revelados por los periodistas en el reportaje de laSexta son estremecedores. Para asegurar el voto de Bermúdez en la moción de censura, el GIL organizó una operación digna de una red de espionaje.
La diputada y su familia fueron enviadas a un viaje a Eurodisney pagado íntegramente por el partido de Gil la semana previa a la votación, con el fin de mantenerla aislada.
A su regreso, fue trasladada al Parador de Ceuta, donde permaneció "blindada" en una habitación, escoltada por agentes de la Policía Local de Marbella que actuaban de paisano en nuestra ciudad. Gracias a esta traición, Ceuta permaneció bajo el mandato del GIL durante dos años, un periodo que solo terminó cuando la justicia inhabilitó a Gil tras la sentencia del 'caso camisetas'.
El Gobierno de José María Aznar no ocultó su hostilidad hacia los planes de Gil. El periodista Antonio Rubio relata en el programa de laSexta una supuesta y sombría advertencia que Mariano Rajoy, entonces ministro del Interior, le habría lanzado a Jesús Gil antes de las elecciones en las ciudades autónomas: "Jesús, dice el presidente que si vas a Ceuta y Melilla te vas a electrocutar".
Aunque Celia Villalobos afirma no tener constancia oficial de esa frase, reconoce que existía un pacto firme entre el PP y el PSOE para aislar a Gil, a quien consideraban un "gánster mafioso" y un peligro para el Estado.
Este pacto político permitió que la maquinaria judicial, que hasta entonces había sido lenta, se acelerara de forma repentina. La Fiscalía Anticorrupción sacó de un cajón una querella de 1996 presentada por la socialista Isabel García Marcos sobre el uso de dinero público de Marbella para publicitar la ciudad en las camisetas del Atlético de Madrid. Fue el inicio del 'caso camisetas', la herramienta legal que finalmente permitiría al Estado descabezar el proyecto político de Gil.
Mientras que en Melilla el GIL tuvo que conformarse con un gobierno de coalición, en Ceuta la mayoría absoluta obtenida mediante el transfuguismo le dio a Gil el control total que ansiaba.
Sus mítines en la época eran una oda al populismo mesiánico, presumiendo de haber "barrido" en el Estrecho. Sin embargo, detrás de las promesas de prosperidad, los analistas coinciden en que el objetivo real era el "business" y el beneficio empresarial sin límites.
El modelo de Gil se basaba en el control urbanístico y la discrecionalidad en las licencias, que compensaba con gestos populistas como "regalar una casa a un pobre para disimular".
En Ceuta, este modelo amenazaba con desestabilizar no solo la economía local, sino las relaciones con Marruecos, con quien Gil pretendía realizar tratos directos para abrir fronteras a su conveniencia.
La caída de Jesús Gil comenzó precisamente cuando su ambición le llevó a cruzar el Estrecho. El registro del Ayuntamiento de Marbella y del estadio Vicente Calderón por parte del juez Santiago Torres marcó el inicio del fin.
Gil pasó por la cárcel –aunque brevemente en aquel momento– y su inhabilitación política puso fin a la etapa del GIL en Ceuta.
El reportaje de laSexta concluye que el GIL fue un "partido antisistema" que logró algo casi imposible en la política española: que la izquierda y la derecha se sentaran a hablar y pactaran para aislar a un enemigo común.
Para los ceutíes, aquellos dos años bajo la influencia de Marbella quedan como un recordatorio de la fragilidad de las instituciones frente al populismo y de cómo nuestra ubicación estratégica nos sitúa, a veces, en el centro de las mayores tormentas políticas del Estado.
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Hoy reina la paz y la armonía, claro que si!
No entiendo se presentaba ganaba Marbella de 25 24 Estepona Casares Manilva Ceuta Melilla esto era democracia el pueblo lo votaba cada vez entiendo menos .
Por supuesto gracias al PP y PSOE no es una ciudad donde una parte importante no vive de la droga, no ha habido terroristas que se han lanzado a morir en un coche matando a personas. No, nunca. Es una ciudad cuyos habitantes son como daneses de Copenhaguen.
Por supuesto, ya que los politicos no usan tácticas de extorsión o hacen políticas para sus interés desde Madrid.
No, claro, es un ciudad prospera, diversificada con varios sectores ecónomico. Y por supuesto es como en aquel entonces, un pueblo andaluz, no se convirtió una pedania de Castillejos sostenida con dinero público sin fin para que no se haga evidente el fracaso.
Ay!!! Hemeroteca, hemeroteca