La Sala ya nos tiene acostumbrados a traer música de calidad para compartir desde ese pequeño, y a la vez tan grande, escenario ubicado en el Poblado Marinero, al costado del mar. Y todo apuntaba a que esta vez no iba a ser diferente. Pero los presentes tuvimos la suerte de comprobar que las expectativas a veces no solo se cumplen, sino que se superan exponencialmente.
Shuarma, acompañado de tres músicos, llegaba a Ceuta con su tercer trabajo en solitario bajo el brazo, después de haber dejado el grupo Elefantes en un momento de éxito de ventas y éxito de seguidores. Pero el líder de esta formación decidió que la aceptación del público y el éxito no era el camino, si no venía acompañado de su propia aceptación y de su propio reconocimiento interior a cada paso del camino, y por eso, cambio de rumbo. Si siguiéramos los dictados de esta vida moderna en la que vivimos, diríamos que se había equivocado. Pero es imposible creer que fue un error. Nada como una demostración en vivo de cuan acertada fue su elección.
Quizás un resumen de sus sentimientos a la hora de tomar esa difícil decisión podemos encontrarlo en la primera canción que regaló anoche. Nada más subirse al escenario interpretaba ‘Solo’, tercer tema de ‘Grietas’. Pero como toda obra de arte está abierta a interpretaciones, y la letra también podría ser el reflejo de la sociedad actual en la que vivimos, que ha abocado en una crisis no solo económica si no ética y de valores.
Armado con guitarra eléctrica para empezar el concierto, fue dando un repaso a los temas que componen su último trabajo que -como reconocía al final de la noche-, podía no ser el repertorio elegido por los asistentes que quizás esperaban canciones como más conocidas para poder corear o compartir, pero el plato principal de este exquisito menú presentado ayer, eran las canciones nuevas. Y sí, no todos se sabían las letras, salvo los más fervientes seguidores -que los había-, pero eso lejos de ser una contrariedad, fue un plus, porque permitió escuchar cada letra, cada pausa, cada acento que Shuarma ponía en la interpretación de sus canciones, no solo con sonidos, si no con toda su capacidad comunicadora: con una mirada hipnótica en color azul eléctrico, manos delgadas y especialmente expresivas, y todos los gestos que, al compás de la música, trasmitían cada una de las historias hasta tocar la fibra al más insensible, y dejar sin aliento a los más ‘empáticos’.
La guitarra eléctrica fue sustituida por acústica, maracas y pandereta, según lo requiriese el tema. Los momentos más íntimos se vivieron con la acústica al cuello, por ejemplo con la canción ‘Te esperaré’, que incluso hizo derramar alguna lágrima. ‘Lo que queramos creernos’, ‘Tú’, ‘Rompe el espejo’, incluso el tema que da nombre al disco, ‘Grietas’, compusieron una sinfonía nueva, salpicados de temas anteriores como el inconmensurable ‘Tu única opción’, y alguno rescatado de su etapa en Elefantes.
El sábado, además, era una fecha especial para el artista, que recordó con una preciosa versión de ‘Elixir de juventud’, al que fuera su amigo Antonio Vega, y de cuyo fallecimiento se cumplían tres años justamente el 12 de mayo.
Además, Shuarma explicaba algunos detalles de sus letras, y llamó la atención sobre el que cierra el disco ‘Prefiero estar aquí’, cuya interpretación desde el lado más emocional, dejó bocas abiertas, con hambre de más.
Se despidió con el tema que está ahora mismo como single de su último trabajo, ‘Llueven piedras’, pero el público asistente no le dejó marcharse, y tuvo que regresar al escenario, acompañado de tres músicos tremendos, que forman su banda en esta gira.
El broche de oro de una noche inolvidable sirvió también para tener presente a uno de sus amigos, Enrique Bunbury, y es que en el apoteosis de su interpretación de ‘Azul’ (tema que dio fama a Elefantes) Shuarma hizo un guiño a su amigo, con una pequeña imitación de su forma de cantar.
Como dice precisamente la letra de la canción que cerró el concierto: “Y el cielo fue azul. Tu mirada azul. Nuestro abrazo azul”, y tú estuviste inmenso Shuarma. Una noche completamente azul, porque los ojos, dicen, son el espejo del alma, y los tuyos trasmitieron un azul intenso y mágico.






