Han pasado setenta y un días de la invasión de Ceuta por miles de inmigrantes, la mayor parte marroquíes. El espacio urbano y natural de nuestra ciudad se ha visto gravemente alterado por un elevado número de personas foráneas a las que nadie les ha invitado. Muchos volvieron a su país a las pocas horas o días, pero una cantidad todavía indeterminada permanecen en Ceuta. Una parte importante de estos inmigrantes han sido alojados en campamentos situados en Loma Margarita, Loma Colmenar, los Rosales, la Hípica o en el CETI.
Se calcula que en los mencionados campamentos oficiales hay cerca de 8.300 inmigrantes. A este número hay que sumar 2.827 menores y entre 2.500 y 3.000 inmigrantes que todavía permanecen en la calle, montañas o asentamientos provisionales a la espera de ser filiados y ubicados en centros de acogida. Si sumamos estas cantidades estamos hablando de unas 11.427 personas.
Según los últimos datos facilitados por el gobierno central, en estos algo más de dos meses han regresado, de manera voluntaria, 10.513 inmigrantes y otros 513 han sido expulsados después de cometer distintos delitos. Por tanto, estamos hablando de una presión migratoria de 22.453 personas, de las cuales ninguna ha regresado a Marruecos después de completar los expedientes de expulsión siguiendo el procedimiento legal ordinario vigente en nuestro país.
Durante esta semana, un amplio dispositivo de la Policía Nacional, la Guardia Civil y el ejército ha logrado desmantelar el núcleo de chabolas que se extendía desde la playa de Benítez a la del Trampolín. Como resultado de esta operación, entre 1.100 y 1.250 inmigrantes marroquíes decidieron acogerse al retorno voluntario para evitar ser filiados.
Una vez desalojados los inmigrantes de las playas de Benítez y el Trampolín, la Consejería de Medio Ambiente procedió a la limpieza de este tramo de litoral, contando con más de cincuenta operarios de los servicios públicos de limpieza, apoyados por camiones, retroexcavadoras y maquinaria pesada. En solo dos jornadas se llegaron a retirar ciento noventa y siete toneladas de residuos.
“En término generales, la crisis migratoria que afecta a Ceuta se ha traducido en un aumento de veinticinco toneladas de residuos al día. Estamos hablando que la invasión ha generado unas 1.775 toneladas de residuos”
Estamos hablando de un importante volumen de residuos, teniendo en cuenta que en circunstancias normales Ceuta genera en torno a cien toneladas de basura diarias. En términos generales, la crisis migratoria que afecta a Ceuta se ha traducido en un aumento de veinticinco toneladas de residuos al día.
Estamos hablando que la invasión de Ceuta ha generado unas 1.775 toneladas de residuos, lo que viene a suponer 8.875 metros cúbicos de basura o, dicho de otra manera, el equivalente de llenar por completo unas 3,5 piscinas olímpicas. Para transportar todos estos residuos se puede calcular que habrá sido necesario movilizar unos doscientos cincuenta camiones.
El asentamiento de entre tres mil y cuatro mil personas en la playa de Trampolín y zonas aledañas, además de generar la importante cantidad de residuos analizada con anterioridad, ha provocado una grave contaminación de las aguas costeras. Los análisis microbiológicos realizados por la Consejería de Sanidad revelaron concentraciones masivas de enterococos intestinales y Escherichia coli (E.coli). Los valores llegaron a superar las 10.000 bacterias de E.Coli, rebasando por completo los límites legales para aguas de baño.

La toma de muestras, según informó “El Faro de Ceuta”, se realizaron los días 23, 25 y 28 de septiembre, y las conclusiones de estos análisis indicaban “un indicador relevante de contaminación fecal relevante desde el punto de vista sanitario” que supone “un riesgo sanitario potencial asociado al contacto directo con el agua contaminada, especialmente ante una exposición frecuente o prolongada”.
Estos resultados contrastaban, según fuentes oficiales, con los obtenidos en agosto, momento en el que las aguas del mencionado tramo de litoral se consideraron de “calidad suficiente”. No obstante, estos datos hay que ponerlos en cuestión, ya que el punto de toma de muestras en la playa de Benítez establecido en el “Sistema Nacional de Calidad de Aguas de Baños” (Náyade), dependiente del Ministerio de Sanidad, está situado en el extremo oriental del mencionado arenal, por tanto, muy alejado de la zona de asentamientos ilegales en la playa de Trampolín.
De esta manera, no es posible, desde el punto de vista científico, establecer una comparación entre los resultados obtenidos en agosto en la parte oriental de la playa de Benítez con los datos obtenidos en la playa de Trampolín dos meses después. Para que la comparación resultara adecuada, tendría que contarse con el resultado de análisis de muestras previas en la playa del Trampolín.
Así podríamos determinar, a ciencia cierta, que existe una relación entre la contaminación ahora detectada y la presencia de miles inmigrantes en el mencionado tramo del litoral, aunque parece lógico que exista tal vinculación. Para determinarlo, sería necesario hacer un seguimiento de los niveles de carga microbiológica en esta zona para descartar que existan otros focos de contaminación no identificados hasta la fecha.

La falta de suficientes servicios públicos en los asentamientos de la playa del Trampolín y Benítez nos han dejado imágenes de inmigrantes orinando directamente en la orilla y de cientos de botellas de plástico llenas de orines a lo largo de todo el litoral. Nos imaginamos que los inmigrantes han tenido que defecar entre las rocas o en las escolleras, provocando una grave contaminación de las aguas costeras.
En términos generales, nuestro medio natural ha sufrido un grave proceso de contaminación desde el mismo día de la invasión de Ceuta. Es difícil borrar de la memoria las imágenes de miles de flotadores, chanclas y otros residuos flotando en las aguas del Tarajal, así como de la gran cantidad de chabolas instaladas en el borde costero del Monte Hacho y de la bahía norte de Ceuta.
“Los ceutíes tenemos que seguir reclamando una solución rápida y definitiva a la invasión de nuestra ciudad, desde el respeto a los derechos humanos”
Quedan por identificar y eliminar los asentamientos en los que han encontrado refugio los centenares de inmigrantes que han huido después de la operación de desmantelamiento de la playa de Trampolín. Muchos subieron por las empinadas laderas colindantes con los terrenos de la antigua fábrica de Guano para huir de la policía y no deben estar muy lejos, pues todas las tardes bajan para recoger los alimentos que reparten los miembros de la Cruz Roja. Escondidos entre los árboles se aferran a la esperanza de quedarse en España y alcanzar su sueño de encontrar un trabajo y salir de la miseria.
Mientras tanto, los días pasan y llega el otoño, con las consabidas lluvias, la humedad y el frío. Los fuegos para preparar la comida y calentarse por las noches incrementa la probabilidad de incendios forestales y la acumulación de basura atrae a los roedores. También aumenta el malestar de los ceutíes, que no nos resignamos a que nuestra ciudad se transforme en un permanente campo de refugiados.
La invasión de finales del pasado mes de julio ha provocado en Ceuta una grave crisis multidimensional (ambiental, económica, social, política e internacional). Resulta difícil desligar la imagen de Ceuta con toneladas de basura, gente foránea deambulando por las calles, los barrios, los montes y las costas de nuestra ciudad.
A esto se suma un incalculable impacto económico que empuja a muchas empresas al cierre. Por si fuera poco, la crisis migratoria está abriendo una profunda brecha en la convivencia. Por todo ello, necesitamos que esta situación acabe cuanto antes.
No podemos esperar ni un día más y a la vista está que los procedimientos administrativos y jurídicos ordinarios resultan totalmente ineficaces para resolver un problema extraordinario.
Los ceutíes tenemos que seguir reclamando una solución rápida y definitiva a la invasión de nuestra ciudad, desde el respeto a los derechos humanos. El corazón de Ceuta no puede pararse, tiene que seguir latiendo con fuerza demostrando el amor por nuestra tierra. Ha costado mucho esfuerzo y muchas vidas mantener la bandera de España ondeando en todos los puntos de Ceuta.
No podemos rendirnos ni permitir que nos olviden. Es hora de dar lo mejor de todos y cada uno de nosotros. Debemos prepararnos para la revitalización del tejido productivo de Ceuta y la restauración de nuestro patrimonio natural y cultural. Ceuta a buen seguro saldrá fortalecida de esta crisis multidimensional y daremos comienzo a una nueva etapa de prosperidad para nuestra tierra.






