El Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Ceuta se queda como está. El Río Sil, que iba a permanecer con presencia fija en la zona para apoyar la presión de nadadores que se está produciendo en la frontera sur, marchaba esta misma mañana al otro lado del Estrecho.
Su permanencia ha sido un visto y no visto. La Dirección General de la Guardia Civil y el Ministerio del Interior vuelven a hacer sus propias cuentas ajenas a la realidad que se vive en primera línea de frontera, en donde los mimbres con los que cuenta el Instituto Armado son escasos y se llevan al límite.
Excusas oficiales las hay de todos los colores, como también campañas de imagen para visualizar una presencia de fuerza marítima que dura menos que la permanencia de un titular en una página web.
El Servicio Marítimo de Ceuta se queda solo con los que están. Pueden pedir refuerzos y estos llegarían desde el otro lado del Estrecho, pero a costa de perder un tiempo que vale oro cuando se trata de salvar vidas.
Ya de por sí la unidad funciona al límite, con jornadas en las que los agentes se desdoblan para llegar a todos los repuntes migratorios que se registran por ambas bahías, siempre sometidos a la voluntad de un país que entiende el término colaboración como quiere.
A pie de frontera la situación que se vive no trasciende a los medios de comunicación porque la propia Dirección se encarga de ello, evitando que los periodistas puedan asistir a patrullas en el mar que vinieran a reflejar lo que realmente está ocurriendo en la línea entre Ceuta y Marruecos.
Lo que se cuenta es un 10% de la pura realidad vivida, con noches en las que se han superado los 350 intentos de entrada a nado, sin que se pudiera contar con suficientes medios para, sencillamente, salvar vidas.
El Marítimo se guía por los búhos y cuenta con las patrullas de tierra para apoyar en la interceptación de nadadores. Esa ecuación funcionaría a la perfección si tuviera los recursos suficientes tanto en personas como en medios materiales.
Los datos reales no aparecen en las estadísticas difundidas cada 15 días por Interior ni tampoco se reflejan en imágenes porque se impide su traslado público. Hombres, mujeres, niños, personas que presentan discapacidad… y todo eso multiplicado por estadísticas imposibles de controlar.
Lo que sucede en la frontera no puede medirse en tiempos de tranquilidad o no, porque se tiene frente a Ceuta a un Marruecos que de la noche a la mañana puede verse atrapado por una convulsión al estilo Generación Z o por un movimiento masivo de pase de inmigrantes alentado por redes sociales.
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