El servicio llevado a cabo en la madrugada del viernes al sábado por la Policía Nacional es digno de ser ensalzado en este editorial. Y lo es, primero, por la labor prestada por el agente, que estando fuera de servicio, no dudó en actuar para impedir que un ladrón se saliera con la suya en las cabañas de Miguel de Luque, enfrentándose a él lo que le ha provocado importantes heridas. Lo es también por el empecinamiento puesto por los agentes de este Cuerpo que arriesgaron sus vidas para localizar al autor de estas lesiones. Un tipo peligroso, que no dudó en apuñalar en pecho, manos y cuello a un compañero, en una actuación que bien podría calificarse penalmente como una tentativa de homicidio. Costó detenerlo, demostrándose un servicio tan ejemplar como complicado. No hay que dejar de lado, tampoco, la colaboración de apoyo prestada por otras fuerzas de seguridad, con lo que se ha conseguido que hoy, una persona de marcado carácter violento, se encuentre detenida a la espera de la decisión judicial oportuna. Si en otras ocasiones se ha criticado al Cuerpo Nacional de Policía, hoy no cabe más que ensalzar este servicio y destacar la labor de los agentes participantes y de quien les ha coordinado.





