Una de las primeras mujeres en ser distinguida con la 'Caballa de Oro'
Este Carnaval se ha apagado la llama de dos mujeres que constituyeron un referente de esta festividad a ambos lados del Estrecho: María del Carmen Llovet Muñoz, conocida como María la Hierbabuena, en Cádiz; y Maruja Lesmes, en Ceuta. Olga Martí, presentadora del COAC, pidió al público, en nombre del mundo del Carnaval, un recuerdo muy especial para Lesmes ya que se trata de una de las primeras mujeres que fueron distinguidas con la Caballa de Oro.
El respetable rompió en aplausos y Martí aseguró que, allá donde esté, “seguro que esta noche disfrutarás con nosotros”. En el escenario, proyectaron un versos de homenaje a quien tanto a hecho por esta celebración: “Aún lloran las castañuelas / las del baile y los disfraces / los abanicos, los trajes / la noche y las lentejuelas. Ya empieza a llorar el día, / el Carnaval y la danza, / y llorará la añoranza / lágrimas sin alegría. Te vas vestida de plata, / como en un final sereno, / y te echaremos de menos al pasar la Cabalgata”.
En una entrevista a Radiotelevisión Ceuta, Lesmes explicó su amor por esta fiesta y recordó como anécdota que sus amigas la convencieron para disfrazarse a pesar de que tenía la responsabilidad del bar, en el que ayudaba a su marido. “A escondidas, un día cogí, terminé, me fuí y, en Los Caramelos, me coloqué una peineta y una mantilla –entonces era en la Gran Vía el Carnaval– y nos vestimos de mamarrachos”, explicó con el desparpajo y la fueza que la caracterizaban. “Yo era la Carmen de España porque no sabía qué decir”, bromeó durante su intervención.
Al año siguiente, el disfraz fue de café Borrás. “Éramos un grupo estupendo, muy pocas, pero maravilloso, personas muy divertidas”, describió con cariño aquellos primeros años de Carnaval. En su entrevista con Beatriz Palomo, Lesmes comentó con desenfado que su marido, al principio, “no sabía ni jota hasta que me eligieron reina” de las fiestas. Sus hijas le decían: “¿No te gusta el Carnaval? Pues te aguantas y mi padre, igual”. Hasta que su marido, el señor Lesmes, la vio por televisión.






