La realidad manda. Y esta semana en Ceuta ha mandado el empleo de armas por parte de pistoleros que se dedican a sembrar el pánico en las barriadas convertidas en escenario de sus acciones. El Príncipe, Juan Carlos I o la zona de Cabrerizas Altas fueron lugares en los que sus vecinos han sentido, más que nadie, esa sensación de inseguridad que produce el saber que personas, con instintos criminales, son capaces de iniciar alocadas carreras de disparos que pueden ocasionar daños colaterales. Esta semana los disparos se han producido coincidiendo con la marcha al colegio, en una hamburguesería repleta de gente a las diez de la noche y en un barrio a las cuatro de la tarde. En todas ellas ha habido un uso de armas marcado por lo alocado de quien las ha disparado, hasta el punto de que podía haber ocasionado más desgracias de las ya conocidas. Hace ya mucho tiempo que la sociedad viene advirtiendo del desmadre ocasionado por la gran cantidad de armas que están siendo usadas en Ceuta y por la cantidad de grupos que tienen fácil acceso a ellas. Es un hecho que no puede taparse ni menospreciarse con declaraciones irresponsables. Está ahí y muestra que existe un problema grave en materia de seguridad ciudadana que va más allá de la consecución de ‘palotes’ a base de identificación de extranjeros o prostitutas. La realidad exige una actuación empecinada en conseguir unos logros aunque estos tarden y las estadísticas no sean lo gratas que desea la clase política.





