Como madre/padre de un niño apasionado por el fútbol, quiero expresar una profunda decepción ante el proceso de selección que se ha llevado a cabo esta temporada en Ceuta. Tras un año entero de esfuerzo, compromiso y sacrificio, mi hijo fue llamado a la preselección. Una oportunidad que celebramos con ilusión y orgullo, pensando que finalmente se valoraba su constancia y su entrega en el campo.
Sin embargo, la realidad ha sido otra. Una segunda lista fue publicada, dejando fuera a muchos niños que, como el mío, han demostrado su valía jornada tras jornada, con trabajo, humildad y pasión. Lo más doloroso no es que no haya sido seleccionado, sino la sensación de que el mérito deportivo ha pasado a un segundo plano frente a los favoritismos. Que en esta ciudad, para entrar en una selección, parece pesar más tener un “padrino”, un apellido conocido o un vínculo con ciertas entidades, que el verdadero talento y el esfuerzo.
No escribo esto solo por mi hijo, sino por todos esos niños que se dejan la piel cada fin de semana en los campos de fútbol, soñando con una oportunidad justa. Porque el deporte debe ser ejemplo de igualdad, de superación y de valores, no un escaparate de amiguismos.
Esto no es nuevo. Llevamos años viendo cómo los mismos apellidos se repiten, cómo el talento se desperdicia y cómo se apaga la ilusión de niños que solo quieren jugar, competir y soñar en igualdad de condiciones. Pero, ¿cómo va a avanzar el fútbol en Ceuta si las oportunidades no se ganan, sino que se reparten entre conocidos?
Y luego nos preguntamos por qué Ceuta no avanza en lo futbolístico. Siempre que salimos fuera, volvemos con las manos vacías. ¿Por qué? Porque no representan a la ciudad los que de verdad se lo ganan en el campo, sino los que tienen el apellido adecuado o las conexiones correctas. No se lleva a los mejores, se lleva a los más “convenientes”.
En el resto de España, los niños compiten sabiendo que, si lo hacen bien, tendrán su oportunidad. En Ceuta, compiten sabiendo que, sin enchufe, por mucho que lo hagan bien, lo más probable es que se queden en casa. Así no se construye una cantera. Así no se forma una selección. Así se entierra el talento.
A los seleccionadores y responsables les digo, con respeto pero con firmeza, lo que hoy están sembrando no es solo frustración, sino desmotivación y desconfianza en el sistema. Y eso no solo afecta a los niños, sino también al futuro del deporte en nuestra ciudad.
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