Seguimos para bingo, abordando los asuntos que de verdad impactan en la ciudadanía sin la seriedad debida. La Ciudad patina en su forma de abordar la polémica surgida en los procesos de oposiciones que apadrina la administración, especialmente con el último relacionado con la adjudicación de 11 plazas de bomberos.
Tampoco parece muy acertado que a estas alturas MDyC solicite un manual para tribunales de procesos selectivos como solución para terminar con embistes de este tipo.
El parche que hay que colocar no es ese, pedir a estas alturas un protocolo que regule las funciones de los tribunales calificadores es dar una auténtica patada al trabajo que durante años han llevado a cabo y que debería/debe sostenerse sobre unos criterios claramente asentados, conocidos y amparados por su profesionalidad.
Enseñar o marcar el camino a quienes deben saber es una mera torpeza o una forma de distraer la atención sobre lo que realmente importa.
La Ciudad prefiere seguir patinando creyendo que la borrasca se olvidará. No piensa paralizar el procedimiento seguido en Bomberos, pero tampoco explica cómo existiendo reclamaciones ya se entrega material cuando solo existe un listado provisional.
El problema es que todo esto está generando un poso de malestar, de falta de creencia y de insatisfacción entre una ciudadanía a la que se le debe proteger mucho más.
Y esa protección nace de la adopción de medidas contundentes, pero, sobre todo, de explicaciones claras sobre las dudas que se han publicado tras quedar recogidas en una reclamación. Nada de esto se ha hecho. Las explicaciones de un tribunal no chocan con las que una administración debe dar de inmediato. Y de momento solo hay silencios.






