Como marca la tradición de la Semana Santa de Ceuta, la última hermandad en realizar su estación de penitencia en la noche del Viernes Santo ha sido la del Santo Entierro. La Venerable y Real Cofradía ha partido, un año más, desde el Santuario de Nuestra Señora de África, poniendo el broche final a una jornada cargada de recogimiento.
Con la noche ya asentada sobre la ciudad y la cercanía de la Expiración aún presente en el ambiente, todas las miradas se han dirigido hacia el cortejo del Santo Entierro. Un momento especialmente esperado por los fieles, que encuentran en esta salida uno de los pasajes más sobrios y sobrecogedores de la semana.
El entorno del templo se ha envuelto en una atmósfera de oscuridad, silencio e incienso, apenas interrumpida por la tenue luz de los teléfonos móviles de quienes no han querido perder detalle. La salida, especialmente emotiva, ha marcado el inicio de un recorrido caracterizado por la solemnidad.
La procesión de este año ha dejado una imagen significativa que refleja una realidad creciente en el mundo cofrade: la escasez de relevo generacional. El paso del Cristo no ha podido procesionar en su tradicional trono, optando por una parihuela, más ligera, ante la falta de costaleras suficientes.
En contraste, el apartado ornamental ha mantenido su nivel habitual. La decoración floral, a cargo de Antonio León, ha vuelto a destacar por su elegancia y continuidad, consolidándose como uno de los elementos más reconocibles de la hermandad.
Por su parte, la Virgen de la Soledad ha podido realizar su salida sin incidencias, gracias a la presencia suficiente de costaleros, lo que ha permitido mantener la estampa habitual de años anteriores en su discurrir por las calles.
Entre los elementos recuperados en los últimos años, ha vuelto a cobrar protagonismo el uso de las mantillas, una tradición que había desaparecido y que poco a poco se está reinstaurando dentro del cortejo, aportando un aire más clásico y distinguido.
En cuanto a las novedades, la hermandad ha reiterado su apuesta por una cuidada ambientación en la salida del Cristo. La iluminación de la Plaza de África ha sido nuevamente atenuada para reforzar el recogimiento del momento.
Además, se han distribuido velas entre los asistentes, generando una iluminación tenue y simbólica que ha contribuido a acentuar el carácter íntimo y espiritual del inicio de la procesión, cerrando así una noche marcada por la emoción y la reflexión.
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