La noche se cerró sobre Ceuta con un aire cargado de emoción y recogimiento en el momento en que la Hermandad del Medinaceli emprendía su regreso. Tras horas de estación de penitencia, las imágenes de Jesús Cautivo y la Virgen de los Dolores avanzaron entre un mar de fieles que no quisieron perderse el instante final. Las calles, aún repletas de ceutíes, acompañaron con respeto y silencio el caminar de los pasos.
El ambiente estuvo marcado por la devoción profunda de quienes aguardaban la recogida. Cada levantá, cada revirá, fue recibida con aplausos contenidos y miradas cargadas de fe. La ciudad se volcó una vez más con una de sus hermandades más queridas, dejando estampas de gran intensidad emocional.
La llegada a las inmediaciones de la Casa de Hermandad se vivió con especial expectación. Los costaleros, visiblemente emocionados, apuraban los últimos metros conscientes de que el final estaba cerca. El público, entregado, acompañó con respeto y admiración este cierre tan significativo.
Un final lleno de sentimiento
Ya en el tramo final, la recogida se convirtió en un auténtico acto de fe colectiva. La imagen de Jesús Cautivo, imponente y serena, cruzó el umbral entre aplausos, mientras la Virgen de los Dolores despertaba una oleada de sentimientos entre los presentes.
Uno de los momentos más destacados llegó con la interpretación de la Salve a María Santísima de los Dolores. Compuesta por el capataz Antonio Vallejo, fue cantada por el coro de Paco Sánchez junto a los costaleros, generando un instante de profunda devoción que conmovió a todos los asistentes.
Las voces, unidas en un mismo sentir, envolvieron el ambiente en una atmósfera de recogimiento y espiritualidad difícil de describir. Muchos ceutíes no pudieron contener las lágrimas ante un momento que quedará grabado en la memoria colectiva.
Ceuta se rinde a su tradición
La recogida del Medinaceli volvió a demostrar el fuerte arraigo de la Semana Santa en la ciudad. La masiva presencia de público evidenció el cariño y la fidelidad hacia esta hermandad, que año tras año protagoniza uno de los momentos más esperados.
Con el cierre de las puertas, Ceuta despidió una jornada marcada por la solemnidad y el fervor. La Hermandad del Medinaceli dejó, una vez más, una huella imborrable en el corazón de todos los presentes.






