“Hay un gallego en la luna” cantaba en los años 90 el grupo Zapato Veloz. No había uno sino cuatro implicados en la trama desarticulada por la UDYCO de Ceuta para romper el negocio del tráfico de hachís a gran escala moviendo la mercancía en narcolanchas con contactos de La Línea, pero también en pesqueros, gracias a la vía gallega.
El golpe asestado por la Policía Nacional ha causado un auténtico revuelo en las tierras del otro norte. De los 27 arrestados, hay 4 en Pontevedra que ya están en prisión tras tomársele declaración por videoconferencia el pasado domingo.
Entre ellos, el empresario Pablo G.F., armador del pesquero Simione, a quien se le juzga por un alijo de droga, nada menos que 2,8 toneladas de cocaína.
La UDYCO recogió grabaciones de encuentros constantes entre la rama del narcotúnel y sus enlaces gallegos con quienes querían dar prosperidad a su ilícito negocio.
En los registros llevados a cabo en Galicia fueron encontrados 500.000 euros y 88 kilos de cocaína, además de hachís.

“Un viejo conocido de los cuerpos policiales”
Al gallego se le investiga por tráfico de drogas y organización criminal. “Es un viejo conocido de los distintos cuerpos policiales por delito contra la salud pública en los años 2015, 2021 y 2022”, expone el CNP.
Para la UDYCO, lideraría una facción de la organización criminal que se asienta en Galicia, “pudiéndose constatar, a través de las vigilancias practicadas y con el auxilio de medidas judiciales debidamente autorizadas, cómo el investigado efectuaba labores de coordinación en la distribución de sustancias estupefacientes, así como la recaudación y entrega del dinero derivado de dicha actividad ilícita”, confirma la Policía.
Así, el 20 de agosto de 2025 se le captó en una reunión del “patrón de los patrones”, Mustafa Ch.B. “Tengo caballos grandes”, le dijo el gallego, es decir, medios de transporte de grandes dimensiones para esconder la droga.
Dos días después, en otro seguimiento policial, se captan nuevas reuniones en lo que la Policía considera que son encuentros para preparar pases de hachís usando pesqueros que partirían desde zonas concretas como Mauritania cargados de mercancía.
El ‘21’ y los barcos de Mauritania
En esas conversaciones hablan sobre el logo que llevarían los bloques de hachís. Poco después, en febrero de 2026, avanzan al hablar sobre dinero o cómo marcar con el ‘21’ esas pastillas.
Los encuentros son calificados por la Policía como complejos ya que se llevan a cabo en zonas aisladas para dificultar esa presencia policial. Se constata así la entrega de pagos y cómo se da cuenta de las partidas estupefacientes que se van a distribuir.
“Yo tengo barco en Mauritania, cinco barcos parados, son de un gallego amigo mío. Mira, si te sale algo para Brasil o a la parte de los negros abajo, en Mauritania tengo una empresa española que tiene 5 barcos de hierro, pero muy grandes, por si te sale algo, estoy listo”, recogió la Policía.
Para ir de Ceuta a Galicia hay que cruzar de norte a norte. No era ninguna traba. Para la Policía, no hay duda de que “estamos hablando de un grupo organizado claramente estructurado, que abastecería el norte de España con grandes cantidades de sustancias estupefacientes”.
Considera además que aprovecharían su conexión con la parte de la organización asentada en el sur para proveerse de sustancia estupefaciente y comercializarla en la zona norte.
“Nos encontramos ante un grupo de personas cuya organización y reparto de tareas queda plenamente acreditado con las medidas de investigación judicializadas que se han llevado a cabo”, aclara la UDYCO.

Los más de 600.000 euros intervenidos
“Sin duda se encuentran organizados para conseguir un fin ilícito común como es obtener ingentes beneficios mediante el transporte y tráfico de sustancias estupefacientes, aprovechando los contactos que poseen miembros del grupo con otros grupos criminales del sur de España, teniendo relaciones tan estrechas que podemos considerar una misma organización criminal”.
Los registros han dejado hallazgos fundamentales como la incautación el día 12 de febrero en Algeciras de 668.270 euros, dinero que había sido transportado previamente desde tierras gallegas para pagar por las sustancias estupefacientes adquiridas a la organización radicada allí.
La droga y el dinero intervenidos en el trastero registrado a quien se señala como peso pesado de la trama “cierra el círculo” tanto “por la sustancia estupefaciente con la que trafican como por los pingües beneficios económicos que les genera”.






