Los agentes de la UIP de la Policía Nacional lograban contener en la mañana de ayer un traslado de inmigrantes que terminó yéndose de las manos, pudiendo haber desembocado en una auténtica tragedia.
Lo que debió ser un movimiento organizado, similar al que se desarrolló hace una semana en Loma Colmenar, terminó transformado en una especie de sálvese quien pueda.
Cientos de inmigrantes a la carrera invadiendo una carretera por la que circulaban vehículos porque nadie había dado aviso a la Policía Local para controlar el tráfico rodado. Tampoco estaba informada la Autoridad Portuaria, que habrían cooperado con los agentes que dirigían el operativo.
Pudo haber sido una tragedia porque todo se ralentizó, impidiendo la normalización del día a día para los vecinos que estaban en el lugar y que terminaron atrapados por cientos de personas que buscaban una plaza de acogida.
En eso se tradujo lo sucedido ayer, en una carrera por obtener un puesto en las carpas dispuestas en el puerto.
Si la operación debió haberse preparado con un número de inmigrantes elegidos, todo salió al revés, al bajar quienes se ocultan en los montes y lograron colocarse los primeros sobre otros que confiaban en entrar en el campamento del puerto.
El inicio del traslado se llevó a cabo con un reducido número de agentes de la Guardia Civil ante una masa de cientos y cientos de personas. Imposible controlarlos, sucedió lo que sucedió: una estampida.
En el inicio del operativo no estaban las dos fuerzas de seguridad trabajando unidas, solo unos guardias civiles que terminaron viéndose enfrentados a cientos y cientos de inmigrantes.
La realidad de lo que pasó en este traslado es bien distinta a la anunciada por los ministros Ángel Víctor Torres y Elma Saiz. Si no pasó nada grave fue porque se contó con un buen hacer de la UIP a la hora de impedir que todos los que querían marchar hacia el puerto lo hicieran, adoptando la justa medida de control.
Los sindicatos se han puesto de acuerdo en denunciar la falta de organización y el caos en este dispositivo.
Debería analizarse por qué pasó lo que pasó; suerte que la balanza se inclinó por el lado positivo y no se produjo un grave suceso que hubiera terminado por enturbiar un trabajo, una labor de búsqueda de espacios que no está siendo adecuadamente gestionada.
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