Este jueves, Ceuta acogerá la presentación de la Campaña LXVII de Manos Unidas, que se propone el reto de ‘Declarar la guerra al hambre’. Para ello, Roberto Martínez, técnico de Educación para el Desarrollo de Manos Unidas, se encuentra en la ciudad autónoma.
Antes de este acto, Martínez ha pasado por el plató de FaroTV para adelantarnos algunos detalles de esta campaña, así como para hablar de Manos Unidas, sus propósitos y los principales retos a los que se enfrenta en la actualidad.

-Para quien no lo conozca, ¿qué es Manos Unidas? ¿Cuál es la función de esta entidad?
-Manos Unidas es la organización de la Iglesia Católica para el desarrollo en los países más necesitados. Aparte de eso, es una entidad que cuenta con voluntarios, con el apoyo de instituciones eclesiásticas y de socios y simpatizantes. Nuestros fondos que utilizamos habitualmente vienen de toda la gente que quiere cambiar un poquito el mundo.
Nosotros tenemos como dos grandes pilares, que son los proyectos de desarrollo por un lado y la educación para el desarrollo por el otro.
-Este jueves se presenta en Ceuta la Campaña LXVII de Manos Unidas. ¿Cuál es su objetivo y qué se pretende lograr con ella?
-En esta nueva campaña estamos dentro de un quinquenio y como cuarto año de este quinquenio el tema va a ser la paz. De hecho, pretendemos concienciar a las personas y dar otra visión de que no se puede conseguir paz si hay hambre, si hay pobreza, si hay miseria…
Ese es el lema de la nueva campaña y el cartel lo van a ver en todos los lugares, que es ‘Declaramos la guerra al hambre’. El cartel es muy bonito, es una niña con una cuchara, ya ves tú que poco amenazante puede ser una cuchara, pero sin embargo dice mucho, porque una cuchara es lo que no tiene mucha gente para poder comer, y ese es el problema.
Retomamos una idea que, fíjate, las mujeres de la UMOF, la Organización Mundial de Mujeres Católicas, hace muchísimos años, en el 55, hicieron un manifiesto en el cual declaraban la guerra al hambre.
Poco después, Manos Unidas, que ya tenemos 67 años de vida, asumió ese reto, y de hecho nuestra primera presidenta llegó a decir, “el día que no queramos que haya hambre, no habrá hambre”, pero de momento sí que la hay.

-En estos tiempos de guerra que estamos viendo todos los días en las noticias, ¿cree que la gente está más sensibilizada con el tema y las necesidades que hay en el mundo?
-Yo tengo una idea un poco particular. Yo pienso que somos solidarios, pero como digo yo muchas veces, solidarios de ocasión. Me explico. Ocurre una desgracia, hace poquito pasó lo de este accidente y tal, y todo el mundo se vuelca, se echa. Pero pasado un tiempo eso se olvida. Pierde actualidad, por decirlo así, ahora que estamos en medio de comunicación.
Si yo pregunto a los niños si en nuestro mundo hay paz, te dicen que no, porque oyen que hay unas guerras. Si digo que en nuestra ciudad sí hay paz, ahí ya lo dudan. Si tú les dices si en tu ciudad hay guerra, te dicen que no porque ellos entienden la guerra como el tanque en la calle, como la guerra directa, es decir, la violencia directa que se llama. Sin embargo, no hay paz.
Entonces, hoy por hoy, yo creo que la gente, no es que esté más concienciada, está más informada, pero no concienciada. Que es diferente los dos términos.
Por un lado, estamos muy al tanto de lo que está pasando en Ucrania, de lo que está pasando en Palestina, lo que puede pasar en Irán, en Groenlandia…Pero se nos va de la cabeza que ahora mismo, conflictos armados en el mundo, según el último informe de ACNUR y de la ONU, hay 59, no 3.
-¿Qué papel juega la educación en Manos Unidas?
-Básico. La educación es el motor fundamental para el cambio. Sin educación no va a haber nunca cambio.

-¿Cuáles diría que son los mayores retos a los que se enfrenta Manos Unidas en la actualidad?
-Es paradójico decirlo, pero la desinformación. Creo que hoy por hoy la sociedad mete a todos en el mismo saco. Es decir, las ONGs, la gente se pregunta ¿Quién se queda el dinero? ¿Quién hace no sé qué? piden, pero luego no hacen. Falso. Nosotros tenemos siempre unas auditorías, los datos están ahí, visibles. Por eso, la desinformación es lo primero.
Lo segundo, la serie de cosas que nos quitan el foco de atención. Me explico, estamos en una sociedad en la que lo inmediato le quita importancia a lo necesario. Es decir, yo creo que hace falta algo aquí, pero de repente hay algo que pasa por medio y adiós.
Luego, tenemos que trabajar una serie de valores. Valores humanos, evidentemente, porque estamos en una sociedad que se mueve por competitividad, por individualismo, por consumismo y tenemos que cambiar eso por solidaridad, por respeto, por convivencia.
-Volviendo a la campaña que presentará este jueves, ¿con qué mensaje le gustaría que se quedara la ciudadanía y por qué debería colaborar?
-El mensaje principal que yo creo que nos deberíamos quedar es yo puedo cambiar las cosas. Eso lo primero. No es un mensaje de campaña como tal, pero tengo que pensar que yo puedo cambiar las cosas.
Ese sería el primero y, el segundo, no me iría por el belicismo del mensaje. No es declarar la guerra al hambre, es declarar la guerra a todo lo que hace que el ser humano no sea libre. Es decir, que no tengamos dignidad humana.
Yo creo que el mensaje de Manos Unidas hoy por hoy tendría que ser ese: Somos todos importantes e intentemos cambiar las cosas entre todos.

-Si hay algo más que quieras añadir.
-Simplemente recordar a las personas que Manos Unidas estamos en todos los lugares de España y siempre agradecemos a la gente que nos quiere echar una mano.
Y como digo siempre, el objetivo de nuestra organización, como de tantas otras, es desaparecer. El día que estemos en paz, el día que no haga falta ONGs como la nuestra, ese día será el día de celebrar.





