La concesión de 114,7 millones de euros a España para afrontar las consecuencias de la crisis en Ceuta es una noticia que debe ser recibida con satisfacción. Bruselas ha reconocido así la dimensión de lo ocurrido los días 30 y 31 de julio y la necesidad de reforzar una frontera que también es frontera exterior de la Unión Europea.
Los fondos permitirán mejorar la vigilancia, la seguridad y la capacidad de acogida, mientras que Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la UE aportarán apoyo operativo. Son recursos necesarios después de una crisis que ha llevado al límite las capacidades de la ciudad.
Pero la ayuda económica no puede ser una respuesta puntual. Europa debe mantener su compromiso con Ceuta y entender que su seguridad y estabilidad no son únicamente un asunto de España. Lo ocurrido en julio ha demostrado que una presión de la magnitud que Ceuta ha tenido puede desbordar a una ciudad de nuestras dimensiones.
Además, resulta especialmente significativo que la respuesta llegue después de que Ceuta haya trasladado directamente a las instituciones europeas la gravedad de su situación.
La visita del presidente Vivas a Bruselas y sus peticiones de mayor respaldo encuentran ahora una primera respuesta concreta y positiva.
Por eso, estos fondos deben convertirse en más medios, más prevención y mayor capacidad de respuesta. Y deben marcar el comienzo de una implicación europea mucho más firme y permanente.
Ceuta ha pedido ayuda y Europa ha respondido. Ahora toca que ese compromiso se mantenga en el tiempo y emplearlos de manera eficaz y eficiente.






