Satsry Akal, mi querido L.G. Álvarez:
Así lo saludarían los 54 indios del monte, acompañando al saludo con una reverencia que le muestra todo el respeto del mundo. Sólo escribo para intentar aclarar “unos cuantos” detalles que en su columna de opinión del pasado 15 de mayo eran erróneos, debido, supongo, a lo que usted mismo dice: que lo ha leído en algún sitio. Pues decirle que “ese sitio” estaba totalmente desinformado.
Los 54 (no 60) indios de Ceuta, han sido trasladados a CIE´s de la Península (no CETI´s), donde algunos casi alcanzaron el máximo de días legales de estancia, pero no todos (algunos salieron antes de los 60 días).
Se hicieron cargo de ellos distintas ONG´s (dependiendo de la ciudad de acogida, no sólo fue Cruz Roja), ya que así está establecido a la salida del Centro de Internamiento. Y ojala hubieran ido a pisos tutelados. Algunos fueron acogidos en alguna asociación de Algeciras que sí les dio un lugar decente donde comer, dormir, e incluso recibir clases de español durante unos días, pero el resto fueron a albergues y hostales. ¿Mantenidos a mesa y mantel? Teniendo en cuenta que a uno de los grupos lo enviaron a un hostal del que por la mañana tenían que salir y no volver hasta por la noche… la mesa y el mantel, creo recordar, era un comedor social al que podían acudir al mediodía. Sí que lleva usted razón entonces con lo de la “jodida calle”, porque realmente es ahí donde terminan cuando pasan los días de estancia en esos “centros”, por llamarlos de alguna manera. Por suerte (si podemos llamarlo suerte), la mayoría (que no todos), tiene algún amigo, vecino o primo de su primo que lo acoge (sí, en un piso patera en el que ya viven 7 más), durante el tiempo necesario para que se busque la vida. Pero vamos, que esos pisos no están solo en Lavapiés. También en El Rabal, en barrios de Alicante, de Alemania, de Austria, de Holanda…(hasta allí han llegado nuestros hindis). Están donde tengan a esas personas que pueden darle un plato de comida al día y algo parecido a una cama. Mientras tanto, intentarán encontrar uno de los trabajitos que usted nombra, trabajando de 12 a 14 horas al día por 300 euros y una cama (así podrán dejar la cama libre al primo que los acogió). Sí, sí, así vendrá otro a ocupar su lugar: ¿será éste el efecto llamada del que tanto se habla?: cama libre y plato de arroz (qué triste, Dios mío).
Y en cuanto a la parte que parece que le “preocupa tanto”, la del buen comportamiento de los inmigrantes (que también los hay estupendos de muy diversas nacionalidades, tanto africanas como asiáticas, y son repatriados, se lo puedo asegurar), es cierto, aunque usted no lo entienda, que “no han causado problemas, que han sido buenos y serviciales durante su estancia en Ceuta”. Que por eso se han ¿salvado?. Si salvarse es estar en Ceuta 4 años, con todo lo que eso conlleva, y luego salir a la Península indocumentados, pues sí, 34 ya se han salvado.
El resto, 20 de ellos, siguen en el CIE de Algeciras, rezando cada día para que pasen esos 60 días y los dejen en libertad. Mientras tanto, a pesar de estar en una cárcel, privados de libertad y con todo el tiempo del mundo para pensar en ese camino que iniciaron hace 6, 7 años o más, reciben un trato especial dentro de ella, porque, aunque no le guste mucho “leerlo” son muy buenos, y cualquiera que se acerca a ellos lo puede apreciar. Son diferentes. Desde el primer día en el que el primer grupo de 8 personas ingresó en el CIE, el personal del mismo apreció esa “diferencia”. Lo siento mucho, señor L.G. Álvarez, pero es así. Le cuento todo esto porque dice usted que no se sabe como termina la película. Quizás debería haber ido a la proyección del documental, en la que, al final, los directores explicaron ésto y otras muchas cosas.
Y no se preocupe que ellos no nos culpan a ninguno de nosotros por su desdichada vida. Culpan a las mafias que los trajeron engañados y los hicieron sufrir por el camino, y les dijeron que una vez en Ceuta ya estaban en Europa y era el fin de su trayecto. Sólo a ellos, se lo aseguro.
De nosotros se han hecho amigos, casi familia (ha habido tiempo para ello) y nos han enseñado una lección de humildad y de positividad, que ojalá fuéramos todos iguales y a cambio, no nos dedicáramos a ir hundiendo vidas y expectativas con nuestras palabras.
Como verá, yo no hablo de política, no hablo de Ley de Extranjería, no hablo de la UE, ni de guetos. Tampoco hablo de datos de Internet. Hablo de vidas, de realidades de esas vidas, y creo que debo hacerlo por ellos que no van a replicarle. Ni ahora ni nunca. Por lo tanto, señor L.G. Álvarez, sé que sus ideas no se las va a cambiar nadie, pero al menos, vamos a dejarles en paz.
Om Shanti.





