Celebramos hoy el trigésimo sexto aniversario de la Constitución española. Y aunque otros aniversarios parecidos hayan pasado sin pena ni gloria, nos encontramos, en estos momentos, ante uno de los momentos más trascendentes de la vigencia de la Carta Magna.
Entre unos que quieren abrir el candado para realizar un proceso constituyente y otros que buscan una reforma sin aplicar hasta donde se quiere llegar, los españoles estamos obligados a reivindicar el espíritu de la Constitución española. Una ley de leyes que nos dimos todos para el lema del consenso y ese mismo espíritu es el que debe primar a la hora de su reforma, porque ninguna obra humana es inamovible, ni tampoco la Constitución de 1978 es un dogma. Pero hoy en día que es vilipendiada y atacada, la mayoría de los españoles estamos obligados a recordar que bajo su manto hemos sido capaces de vivir la época de mayor progreso que ha vivido este país en cientos de años. Bajo su manto han cabido derechas e izquierdas que parecían irreconciliables y bajo su manto este país ha dado un salto de calidad en comparación con el resto de las naciones. Hoy no es el día de hablar de su reforma, hoy es el día de hablar de sus logros que han sido muchos y variados.





