Industrialización, agricultura intensiva, deforestación, contaminación, cambio climático con episodios extremos de sequía, olas de calor y lluvias torrenciales o el desplazamiento de especies, son entre otras las consecuencias de las actividades humanas en el planeta. En las ciudades, las aceras y el asfalto se fabrican con materiales como brea, grava o roca triturada que en verano pueden alcanzar temperaturas superiores a los 60° C, contribuyendo a que los pavimentos urbanos se conviertan en islas de calor en las ciudades. Dentro de esta situación, en los años 90 ciudades como Chicago y Nueva York instalaron los primeros "puntos de refrigeración" , un concepto que a lo largo de los años ha evolucionado hasta el actual de "refugio climático".
Surgen así los "refugios climáticos", espacios dotados de vegetación y fuentes de agua potable, que han de ser gratuitos, confortables, accesibles a toda la población cualquiera que sea su discapacidad, con un horario amplio sobre todo durante las horas de mayor calor y que han de estar identificados con la señalización adecuada.
En España, fue Barcelona en el año 2010 la pionera a la hora de crear una red de refugios climáticos, le han seguido después otras ciudades y ahora, Ourense será la primera ciudad gallega en la que se recurra a la plantación de árboles y otras soluciones naturales para combatir los efectos del calentamiento global. Xunta de Galicia y gobierno local, colaborarán en el diseño y ejecución de un proyecto piloto de refugio climático en la ciudad que si funciona, se extenderá al resto de ciudades gallegas.
Tiene su razón de ser, Ourense se considera "la sartén de Galicia" y no es raro que llegue a alcanzar las temperaturas más altas de España en determinados momentos del año, por eso esperamos que este proyecto mejore las condiciones climáticas de la ciudad y sobre todo, que sea verdaderamente accesible, no solo para las personas con movilidad reducida (en las que siempre se piensa cuando se habla de discapacidad), sino también, para aquellas cuyas barreras no son arquitectónicas, sino ambientales, y que se tenga en cuenta a los enfermos de sensibilidad química múltiple y a los electrohipersensibles, convirtiendo además estos lugares en espacios libres de fragancias y de wifi, porque a nosotros también nos afecta el calor y mucho, y también tenemos derecho a disfrutar a la sombra de los árboles sin que peligre nuestra salud.
María Argentina Rey Fernández (Médico afectada de SQM)
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