“Hay redadas desde julio, detenciones y deportaciones. Siguen, incluso ha empeorado todo”. El activista Reduan M.J. no cesa en su labor de altavoz de lo que está sucediendo al otro lado de la frontera que separa Ceuta de Marruecos. Lo que está sucediendo con la población migrante que se asienta en los entornos fronterizos y se sitúa en el punto de mira de la vigilancia marroquí.
“Hay gente que lleva semanas en la comisaría de Bni Makada, en Tánger, como centro de detención”, explica, mientras se estudian deportaciones a zonas del sur si no hay acuerdos de devolución con los países de los que son originarios estas personas.
La comisaría de Bni Makada, en Tánger, se ha convertido en un centro de detención
Estas detenciones masivas se suman a la impermeabilización del perímetro fronterizo, con cada vez mayor presencia de bases de control de la gendarmería marroquí para evitar el acercamiento de subsaharianos al vallado. Es la medida adoptada desde que se produjeron las entradas violentas a través del perímetro fronterizo el pasado verano.
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