A orillas del Mediterráneo, mar que limpia, cuida, mece a Ceuta y Castellón, como a otras ciudades tan ruinosas y atractivas como decadentes decorados para turistas, iba a tener lugar el duelo entre orelluts y caballas. CD Castellón y AD Ceuta.
Dos de los entrenadores más reverenciados de la categoría. Pablo Hernández, y su mirada de Quique San Francisco, viciosa de fútbol eléctrico. José Juan Romero, y su levantar de gafas, un gesto exactamente igual al que hubiera hecho Bobby Fischer si las hubiera llevado.
Todos los enfrentamientos entre ambos conjuntos siempre han empezado igual, siempre han sido igual. De fútbol intenso y vertical por dos estilos de juego que se complementan el uno al otro, como la nada y el cero, para dar un espectáculo de fútbol frenético.
Es en esas en las que se trenzó una jugada con esas características que iba a dar un primer guantazo al Ceuta mientras Huerta de Aza se guardaba el silbato. Un contraataque, Álvaro García corriendo como una flecha y un pase a Israel Suero que iba a martillear el balón, haciendo que el bote pasara picado sobre Vallejo y se colara el balón en la portería. Mal comienzo para el Ceuta, que no llegaba al minuto dos y ya estaba detrás.
Pero, igualmente, la reacción caballa fue lo que se esperó. Arreones de fútbol vertical, con más corazón que cabeza, con diagonales kamikazes de Koné y una de Escobar que, se quitó a uno, de milagro y rebote esquivó al segundo, remató y… mordida a las manos de Matthys.
El Castellón empezó a tomar vuelo, la RAF blanquinegra que iba por el césped sin rozar hierbajos. Despliegue físico imponente por parte de los orelluts que roban y conducían a la velocidad que le corresponde al líder de la categoría. Así, lanzaban balones al segundo palo, cruzando el área de punta a punta, obligando a Capa y Matos a tirarse al suelo para cortar las progresiones.
Por el lado del Ceuta, llegaban acercamientos peligrosos, como un balón de Camacho que casi roza Escobar. El rechace lo pilló Koné, que tiró un recorte hábil y puso un balón a Kuki que acabó en un disparo mandado a córner. El saque fue luego cabeceado, pero se fue fuera.
Kuki estaba siendo de lo más destacado del Ceuta. Descansaba sobre sus hombros la creación sobre un verde en el que el fútbol iba a una velocidad vertiginosa.
Todas las transiciones del Ceuta, por muy decididas y ágiles que fueran, se veían frustradas por un decidir rocambolesco o por una defensa orellut que retrocedía como la marea previa a un tsunami.
El caso difícil era el de Camacho, El de Ronda tenía que jugar más retrasado de lo que le gustaría, eso le obligaba a comerse tres cuartos de verde cada vez que conducía una contra. Así, llegando asfixiado a su zona buena, puso un centro que no causó problema alguno al meta flamenco del Castellón.
Se veía muy difícil, llegando al descanso, el hacerle una micra de daño a un Castellón que estaba plantado en el campo con una perfección y orden marcial. No había secretismo para impugnar una colocación demasiado pensada. Así, cada intento del Ceuta, por muy trabajado y bien intencionado que estuviera, perecía como sardina en el desierto ante un equipo que mostraba demasiada seguridad.
El Ceuta se iba al descanso por debajo en el marcador. Salvo el gol, no concedió por aquel momento jugadas mucho más claras. Quedaban detalles por tocar aun descanso que debía ser redentor para los que hoy vestían del celeste del Estrecho.
Comenzó la segunda mitad del encuentro con un cambio en el Ceuta. Se iba a Okoro para que entrara Marino Illescas. Fin al destructor, nacimiento del creador. Necesitaba Romero más perfiles creativos.
Es Marino el que iba a ser protagonista en la primera del Ceuta, pero por la parte negativa. Balón largo, mala salida de Matthys y el de Éciija iba a tener el balón en sus pies a 30 metros sin portero. No se precipitó a disparar, no se sabe si por miedo o por serenidad, si por nervios o templanza. Pero se la dio a Jordi y la jugada acabó en nada. En toda Ceuta se escuchó un “¡tira!” a todas sus teles.
Pero el Ceuta iba a subir su nivel ofensivo, como se iba a ver sobre el verde. Capa, de carrilero doblado, de extremo inesperado, le iba a hacer un roto mágico a Sienra que iba por Tamariz y le puso un balón a Kuki que, trastabillado, la golpeó y se fue a córner.
El saque fue otra ocasión. Balón al segundo palo, remate ortopédico de Jordi y balón a córner. Otra oportunidad.
Oportunidad canjeada con éxito. En otras palabras: centro de Marino, Joaquín prolonga y Jordi, como martillazo de juez, decretó empate para el Ceuta. Premio para los caballas que con pizarra hallaron lo que tanto estaban mereciendo.
El fútbol es una matemática salvaje, que tiende al caos, por eso no hay reglas, por eso no hay un número exacto de ocasiones que te convaliden el gol. Por eso, ese toque de Jordi que alojaba el balón dentro daba un respiro automático y demostró que el equipo caballa al líder puede meterle mano e incluso someterlo.
El choque iba a tener tintes frenéticos. Tomas y dacas, juegos de imprecisiones; el partido se iba a poner muy vivo. Koné se calentaba el juego e incluso probó suerte con una rabona traviesa. Se reía el marfileño por el paso de baile prohibido a estas revoluciones.
El partido se iba a convertir en un combate de boxeo, toros salvajes de la categoría de plata: manos pequeñas que golpean hasta sangrar.
Primero, fue Albert Caparrós otra vez. Juego de pies de Floyd Mayweather. Desborde, se quitó a uno y puso un centro precipitado que dio en la boca del estómago de Jordi, yéndose el balón rozando el palo.
Luego, el Castellón probó suerte con un derechazo con la potencia de George Foreman. Adam Jakobsen encaró, se metió hacia dentro y buscó las manoplas de Guille Vallejo.
Fue luego momento para Jordi Escobar. Empezó a correr, manteniendo la intensidad de William Zepeda, y tiró un autopase que lo colocó forzado frente a Matthys. Disparó y detuvo el neerlandés. Pudo habérsela dado a Koné, pero con tres densas encima, y con lo forzado de la situación, tendría que haber sido un jugador de la élite más estelar para ver al africano disponible.
Luego dos golpes rápidos. Uno de cada esquina. Jakobsen repitió jugada, cargó pierna y se encontró con la madera. De ahí, Escobar salió corriendo, el solo contra el mundo, contra dos y el portero. Miró y lanzó un misil que rozó el palo.
Entre medias, el Ceuta hizo cambios. Una ventana para que Koné se fuera, ovacionado por su ex equipo y entrara Sevikyan, incorporación de última hora, ya que sancionado por amarillas se perdía el último partido del parón de Armenia.
Luego, Romero demostró que iba a por el partido Kuki y Joaquín se iban para que entraran Meléndez y Omar Sadik.
La siguiente del Ceuta la tendría Sevikyan, cargando a la media vuelta un disparo difícil que detuvo el meta orellut.
A pesar de que Escobar estaba tieso, como manifestaba, el que se iba era Camacho. Entraba Petxarroman para mantener la solidez atrás en unos minutos difíciles.
Quizá la última fue del angoleño reciñen entrada David Nzanza. Se coló solo el africano pero había una presencia con la que no contó: Capa. El catalán le dijo que por ahí no y le indicó la salida al córner. Celebraba con rabia el Ceuta.
Nada más tuvo el encuentro. El equipo caballa se las hizo pasar canutas al líder en su casa. Partido para creer, punto de oro en una plaza complicadísima. El Ceuta se vuelve con un empate muy valioso de Castalia.
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Partidazo del Ceuta. Felicidades equipo