El Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) es una formación política que se creó hace muy pocos meses para servir de trampolín a Fatima Hamed a la hora de contar con un partido que la llevara de número uno a las próximas elecciones autonómicas del veinticuatro de mayo.
La operación estaba clara desde el primer momento y todo el mundo sabía que cuando Hamed se marchó de Caballas seguiría en la primera política y con un nuevo partido a sus espaldas. Lo que si parece sorprendente en estos momentos es que a lo largo de la última semana hayan sido dos personas las que han preferido comunicar a los medios de comunicación su idea de abandonar este grupo, una de ellas es una de las cofundadoras y miembro de la dirección política. Y las acusaciones que hace son de falta de transparencia, de falta de libertad a la hora de opinar porque se corta cualquier crítica a lo que se está haciendo, de falta de democracia interna y de actitudes más bien dictatoriales, aparte de haber abandonado los principios fundacionales que promovieron la creación de esta plataforma. Lo cierto es que cuando MDyC se prepara para su primera aparición pública en unos comicios, donde se entiende que todo debe ser felicidad y mas en los primeros meses de la formación, esta brecha interna que se está abriendo es más que preocupante. Por supuesto, nadie puede pensar que esto responde a movimientos de otras formaciones políticas. MDyC está obligado a dar explicaciones claras a esos ciudadanos a los que precisamente les va a comenzar a pedir el voto desde muy pronto.





