El juzgado de Menores dictaba sentencia condenatoria esta misma semana contra los cuatro adolescentes que el pasado 25 de agosto terminaron con la vida del marroquí Said Abriual.
El fallo judicial, del que se hizo eco El Faro, recoge con detalle el modus operandi tan violento del que no dudaron en echar mano unos meros adolescentes a los que, ahora, intentará reconducir en su conducta el equipo del Área de Menores durante los años de internamiento cerrado a los que han sido condenados. La familia del fallecido (que estaba preparando su próxima boda) deberá iniciar ahora un procedimiento civil para reclamar la indemnización que expusieron en sesión judicial, por los daños morales sufridos tras la pérdida del joven. Además, se siguen diligencias urgentes en el juzgado de primera instancia e instrucción número 1 contra el padre de uno de los menores por, supuestamente, haber amenazado al resto con mandar a alguien a darles una paliza si incriminaban a su vástago en el crimen. Unas presiones que se expusieron en las dos vistas orales celebradas pero que no han servido para evitar que el magistrado titular del juzgado de Menores emitiera una sentencia ejemplar, condenando a todos los detenidos e incluso al que intentó ser excluido de la escena del crimen. Trabajo tienen por delante los educadores para erradicar un tipo de comportamiento criminal que se ha puesto de manifiesto en algunos de los detalles sobre el suceso que se han conocido tras la práctica del juicio. Unos detalles que, al contrario, no han servido para conocer a ciencia cierta por qué se dio muerte a puñaladas al joven Said, ya que todas sus pertenencias (dos teléfonos móviles y algo de dinero) fueron encontradas por las fuerzas de seguridad entre sus ropas. Si el motivo inicial fue el robo (delito del que finalmente se ha absuelto a los menores), nada se llevaron. ¿Qué les llevó a actuar de esta forma? Said corrió hasta un kilómetro para huir de los cuatro adolescentes en una zona que, a esa hora de la mañana (eran las 6.00 y el joven se disponía a comprar en las naves para vender mercancía en Marruecos) estaba prácticamente desierta. Primero fue golpeado con el mango de una navaja tipo estilete en la espalda, para después, recibir las puñaladas, una de ellas mortal de necesidad al alcanzarle el corazón. La víctima trató de quitar la navaja a su homicida; tras recibir las puñaladas llegó a implorarle que parara “por favor, qué queréis dinero, os doy lo que queráis”, recoge la sentencia que imploró. Después recibiría la puñalada mortal y, ya en el suelo, sentado, fue agredido con una piedra o ladrillo en la cabeza, con la idea de completar una agresión asegurándose así el final vital. “La intención del sujeto activo del delito no era la de, por motivos que se desconocen, meramente lesionar a Said, sino la de matarle, acabar con su vida. Le persiguen, le dan alcance”, le dan varias puñaladas, la última después de que “el hasta entonces herido suplicara por su vida”, concreta en el fallo judicial. Después le “abandonan y no le prestan auxilio o lo solicitan para él”, añade. El arma homicida fue localizada por la Policía en una de las viviendas objeto de registro en el transcurso de las detenciones llevadas a cabo poco después de los hechos. No se había hecho desaparecer, estaba guardada cual trofeo. Son detalles incluidos en un particular esquema con el que imaginar qué tipo de razones puede llevar a un adolescente a actuar de esta forma y manera. De hecho, en la sentencia dictada se recoge cómo uno de los menores condenado por coautor del crimen, llegó a sonreír en el acto de audiencia delante del magistrado, los letrados y el representante del Ministerio Fiscal. “A pesar de la gravedad de lo enjuiciado”, lamenta el magistrado titular, por lo que se le tuvo que llamar la atención. Es precisamente el menor al que el resto quería exculpar a todas luces de la comisión de este crimen. Todos vieron la agresión, dominaron el escenario con mayor o menor participación, cada uno aportó algo para que la vida de Said no valiera de nada, pero ninguno ha dado con la clave que daría respuesta al interrogante de esta crónica.






