Al poco de producirse el accidente en Adamuz las imágenes corrieron como la pólvora. Noticias, publicaciones y vídeos que se suceden unos tras otros en los últimos días. Desde Ceuta hasta otras ciudades del país se teje una red de información disponible a un solo click.
Sin embargo, ¿hasta qué punto son responsables estas prácticas? ¿Dónde está el límite? Los bulos, los mensajes relacionados con las víctimas, las fotografías y otros materiales gráficos o escritos pueden convertirse en estragos para el duelo de los afectados. El psicólogo Claudio Alarcón traslada a El Faro sus efectos y otros aspectos relacionados con el asunto.
-¿Cómo puede impactar la publicación constante de imágenes?
-Ante una desgracia así cabe resaltar la importancia del trabajo que están haciendo los psicólogos de emergencia. Al ser una catástrofe de esta magnitud, que se ha dilatado tantos días en el tiempo, el trabajo de los compañeros de Andalucía es fundamental para que después ese daño psicológico sea menor o para que se inicie la elaboración del duelo de una forma más más productiva o menos dolorosa.
Evidentemente la repetición constante de imágenes traumáticas tiene varios efectos negativos. Por un lado, se da esa revictimización de las personas afectadas ya que todo ello las obliga a revivir esa experiencia. Hay muchos detrás de lo ocurrido, no solo los que han fallecido y sus familiares. Están los que iban en el tren, los allegados de ellos y los seres queridos de los trabajadores. Esa exposición prolongada hace que se cause un sufrimiento psicológico.
Por otro, puede generarse lo que se conoce como trauma vicario o el postraumático posterior que desemboca en sensaciones o síntomas como ansiedad, miedo, insomnio o pensamientos intrusivos o negativos. Son producto de esa exposición continuada a las imágenes. Aunque el que lo experimente no haya estado presente, esas fotografías pueden llevarle a eso.
Se activa el sistema de alerta, por lo que el cerebro no permite alcanzar un estado de tranquilidad. Justo en este punto, chocan dos conceptos. Informar es necesario, pero esa hiper exposición no aporta datos y causa daño psicológico. Es por ello por lo que es preciso tener un poco responsabilidad. Hay que hacerlo, pero con un control para evitar que se muestre de forma prolongada esas fotografías, sobre todo si son dolorosas.
-Como psicólogo, ¿cómo evalúas la reacción de la población en sus redes sociales?
-Desde la psicología se entiende en parte que la reacción de la población en redes sea mayoritaria. Responde a mecanismos normales del ser humano como la necesidad de compartir, de dar sentido a lo ocurrido, de estar conectado a esa realidad y de expresar sus emociones desde el enfado hasta la tristeza.
Sí es cierto que también es preciso advertir lo que se está viendo, sobre todo en España, en las últimas grandes desgracias, accidentes o atentados. Hay ciertos colectivos, tanto de un extremo como de otro, que intentan politizar todo a través de sus perfiles en internet ya sea con un tweet, con imágenes, con bulos o con falsas noticias. También se da la búsqueda de responsabilidades, la culpabilización a un gobierno de un color u otro. Eso aumenta la indignación que sienten las personas que sufren la pérdida del familiar o que están en un duelo.
Hay que poner el foco en esas actitudes que se producen ante catástrofes como la Dana o como este accidente. Algunos sectores de la sociedad se olvidan de lo humano y politizan el dolor. Es importante hacer un llamamiento para que se aprenda a hacer un uso de las redes con conciencia emocional. Debe tenerse en cuenta que muchas personas sufren, especialmente cuando hay víctimas mortales.
-Algunas personas actúan guiadas por las buenas intenciones o hacen homenajes. ¿Estas acciones pueden generar un daño a los afectados?
-Gran parte de los homenajes nacen con el objetivo de acompañar desde el respeto, la empatía y desde la necesidad de sentir el apoyo de quien lo organiza, en este caso, los diferentes. Es preciso en estos casos considerar cómo quiere cada familia vivir el dolor. Las claves son no exponer, no invadir y dejar un espacio a la intimidad del dolor y para que las personas implicadas expresen sus emociones como lo deseen.
Sí que es cierto que ahora es el momento de hacerlos, pero es preciso no exponer ni invadir esa intimidad del dolor. Todos deben tener la libertad de vivirlo a su modo. A algunos les gustará y se sentirán reconfortados. Otros no. Es un tema muy personal.
-¿Cómo se puede ser responsable en estos casos? ¿Cómo hay que usar las redes sociales en este tema?
-Las claves para ser responsables a la hora usar las redes en esta desgracia son informar sin exponer demasiado el asunto, evitar por todos los medios imágenes duras y empatizar con los afectados. Antes de darle a retuitear o a publicar, es necesario verificar que esa información es cierta y que ya está cerrada.
Todo esto se presume a que uno se formule una pregunta a sí mismo en ese momento: ¿esto ayuda o puede hacer daño a alguien? A partir de ahí es como se entiende si a lo que se le quiere dar difusión es útil o no.
-Una cuestión es la de las imágenes, pero otra es la difusión de mensajes de WhatsApp. ¿Qué impacto puede tener en los familiares?
-Este es un tema muy importante en un accidente de este tipo. Para eso entrenamos los psicólogos de emergencia, los cuerpos de seguridad y los sanitarios. Por ejemplo, en el último simulacro del helipuerto, los psicólogos trabajaron la comunicación de la noticia del fallecimiento a las personas a través de las pautas de actuación y de los protocolos de actuación que existen en torno a este asunto.
Es fundamental dejar trabajar a los profesionales que atienden en la emergencia, es esencial hablar con datos confirmados y contrastados. Es primordial que esos anuncios se hagan de una forma presencial, acompañando a los afectados y que se produzcan en un espacio seguro y controlado.
-Ha habido casos polémicos con influencers, desde imágenes hasta discursos. ¿Dónde está el límite?
-Hay un límite muy claro que lo marca el respeto. Intentar ganar visibilidad e influencia o publicar imágenes como la que se ha difundido de una mujer posando delante del tren con el rótulo “el punto cero del dolor” atentan gravemente contra la dignidad y el dolor de esas personas. La línea debe dibujarla el sentido común y el respeto hacia los afectados, que son los que principalmente sufren. Dentro de todo esto también se halla la politización del dolor.
Es necesario preguntarse si lo que se va a exponer es útil, sirve para algo o, por el contrario, genera dolor. Si no puede responderse eso en segundos, ya se sabe que ese contenido está fuera de la ética.
-Los medios de comunicación, ¿deben plantearse qué información deben compartir y cual no?
-Evidentemente. Lo cierto es que en España los medios de comunicación saben perfectamente cómo manejar estos temas, sobre todo, los grandes, es decir, los que tienen reputación y fama. Conocen cómo hay que llevar estos acontecimientos y qué información que debe transmitirse.
Sí he de reconocer que últimamente se ha producido la aparición de pseudomedios que solo buscan a través de la polémica, del ‘pulsa este enlace’, del titular muy amarillo y muy llamativo ganar ese prestigio. Se debe señalar a esos medios. Creo que, en general, los demás suelen hacer una labor muy buena a nivel informativo.
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