Ocurrió donde nunca debería pasar: en una oficina del Ayuntamiento de Ceuta. Un vigilante de seguridad, español de varias generaciones, ceutí de nacimiento y musulmán, fue agredido verbalmente por un ciudadano que, gritando y alterando el orden, descargaba su furia en plena dependencia pública. En medio del alboroto, se acercó al trabajador y le lanzó, con desprecio calculado, la frase: “Puto moro, vete a tu país”.
¿A qué país, exactamente? ¿A esta misma tierra que vio nacer a sus padres, a sus abuelos, a su familia entera? ¿A la Ceuta que lleva su historia escrita en la sangre, en la infancia, en la vida? El insulto fue un acto de violencia simbólica, un intento de expulsarlo no físicamente, sino emocionalmente, de su propia casa.
Y lo más alarmante es que lo hizo sin miedo, en voz alta, en una institución pública, alterando el orden con total impunidad. El racismo ha dejado de susurrar: ahora grita, golpea, y se siente cómodo incluso entre las paredes de la administración.
Pero la cosa no queda ahí. El odio no se limita a quienes profesan el islam. También apunta a quienes, sin ser musulmanes, se atreven a tratarlos como iguales. A quienes comparten vecindad, afecto o lucha. Para el racista, el respeto es traición. La convivencia, una amenaza.
Y mientras tanto, las instituciones callan. No hay campañas que eduquen, ni condenas ejemplares, ni reacciones institucionales a la altura. Hay una pasividad vergonzosa, que normaliza lo intolerable.
Esto no es un caso aislado. Es un reflejo brutal de una realidad más profunda. En barrios como Los Rosales, La Almadraba o el Príncipe, donde vive gran parte de la población musulmana de Ceuta, el abandono institucional es crónico. Más paro, más fracaso escolar, menos recursos, menos vida. El racismo no solo se dice: también se aplica.
Por eso lo que ocurrió en esa oficina no puede pasar como un simple incidente. Es una llamada de alerta. Es una herida abierta en el corazón de la ciudad.
Ceuta, o es de todos cristianos, musulmanes, judíos, agnósticos, ceutíes de siempre y ceutíes por decisión o es una farsa sostenida sobre la exclusión.
Y quienes creemos en la justicia, en la dignidad y en la verdad, no vamos a callar. Porque cuando a un español de varias generaciones, en su propio lugar de trabajo, le dicen “puto moro, vete a tu país”, el problema ya no es el insulto. El problema es el sistema que lo permite.







¿Que hay gente que no se adapta y vive en guetos? Correcto, como ocurre en otras ciudades con personas de diferentes etnias y credos, ¿que hay gente que piensa que por llamarte "Mohamed o Fatima" eres menos español?, por supuesto y por ello se creen en el derecho de mandarte a "tu pais", siendo uno de los motivos de que se creen esos guetos. "¿Como sabe este señor quien es musulman?" Le voy a aclarar a que se refiere, ya que le he visto dudar en varios comentarios , pues muy facil...se refiere a ese "Mohamed o Fatima" profesen la religión o no, lo que a tantos le gusta llamar "Moro". Espero haberle aclarado su duda y agradezco su "preocupacion" por lo oprimidos que estan y rogaria que tuviera la misma preocupacion por los insultos que reciben mandandolos a "su pais"
Al margen de que nadie merece recibir un insulto, y que esa conducta es condenable. Todo lo que ha escrito este señor está mediatizado por el rencor y por una impotencia a no querer ver la realidad.
Una y otra vez se menciona a la población "musulmana".
¿Cómo sabe este señor quién es musulmán? Cuando sorprendería a más de uno cuanto supuesto musulmán lo es de fachada y son personas que están oprimida por su entorno y sea por cuestiones de conciencia o sexualmente.
Si "esa población" tiene índices de pobreza tan altos, ¿tendrá que ver con que siguen pautas socioeconómicas del país de origen?
Si provienes de una familia inmigrante, tienes más probabilidades de fracaso escolar ( esto es inevitable, es una hándicap). Si tu familia y vecinos viven en un ambiente donde las mujeres tienen 5 o 6 hijos y no se habla español excepto cuando vas al colegio, tenderás a reproducir ese mismo patrón. El barrio se convierte en un gueto, y en este caso los gueto no se contrae o sale de él. Se expande.
Esto sucede en cualquier ciudad del mundo cuando llega población migrante en numerosos barrios de España, Francia y Alemania.
Ya ocurrió en los años 60 en barrios de Madrid o Barcelona con personas que llegaban de zonas rurales y económicamente menos desarrolladas. Pero hay una gran diferencia: los hijos y nietos de quienes llegaron a esos barrios adoptaron las pautas de su nuevo entorno.
Aquí, las pautas siguen estando influenciadas por lo que ocurre al otro lado de la frontera, que es lo que lleva a no poder salir de círculo de pobreza perpetuo.
Hay mucha diferencia entre el emigrante y el que es urriendo de aqui, como suelen decir, nativo. Respecto a la emigracion, la mayoria de lis emigrantes provienen de zonas rurales y barios marginados sin apenas formacion porque los sistemas dictatoriales es lo que quieren, aplican el PAN Y CIRCO, al mismo tiempo protegidos por potencias occidentales por inteteses varios, situacion geograficamente estrategicos, exploration de mano de obra barata, expoliar recursos naturales, y otros como armar e instruir los aparatos de represion, al mismo tiempo mirar al otro lado.