Hasta esos niveles de mediocridad hemos llegado en la Administración Pública de España. En algunos sitios hemos pasado del absentismo encubierto a base de los 6 desayunos mañaneros, o los eternos paseos entre despachos, a prohibir acudir al mingitorio por muy perentoria que sea la necesidad.
Tamaño despropósito ha sucedido en la oficina de atención al ciudadano de un cuartel de la benemérita en Álava; donde en otros tiempos la cobarde ETA los acechaba como cazadores a sus presas sin escapatoria, la escasez de personal ha llevado a tomar esa decisión con tal de que la puerta no quede cerrada mientras los agentes acuden al baño situado en otra planta.
La cosa no acaba ahí, para más abnegación y sacrificio de la institución, en el caso de necesidad más absoluta deberán venir provistos de botellas u otros recipientes donde atinar para vaciar sus detritus. Lo que desconozco es que ocurre con el recipiente una vez completo y si tales maniobras llenas de incomodidad las deben hacer sin cerrar la puerta al público, o incluso si son contabilizadas como prácticas de puntería como méritos.
Tales hechos solo han sido denunciados por la AUGC y debe ser porque nos encontramos en periodo estival que no solo falta personal en ese cuartel, sino también sesera, sentido común, y un Director de la Guardia Civil que ya está tardando mucho en cesar al mando y reparar el desatino, que una cosa es la austeridad y otra la tacañería.
Austeridad que parece aplicarse solamente el Estado dependiente del Gobierno Central, y no otras partes de la Administración Pública que siguen gastando a manos rotas mientras los ciudadanos seguimos el camino del empobrecimiento por la falta de empleo o por castigo de los impuestos, tasas y otras formas distintas de latrocinio encubierto que entienden algunos gobernantes.
Siempre han existido las dos España: la de Cataluña y la de Ceuta, la de fondos sin límites y la que tiene que soportar a diario la presión de una frontera con África, la de un guardia civil que ni siquiera puede ir al baño o el que es apedreado diariamente por falta de efectivos y la que tiene duplicada o triplicada las competencias de la administración, los corruptos y los que soportan la corrupción, los que no paran de llorar para recibir más y los que no le quedan lágrimas que verter de lo sufrido, los resilientes y los mimados de la administración.
Lo último que puede esperar España es acabar siendo un país de chiste, y vamos camino de ello; desde la poca seriedad del PSOE que sigue en el mismo camino: la mentira, la falta de compromiso y el hazmereir, ante el incumplimiento de acuerdos a la hora de votar a Juncker, hasta la prohibición de ir al baño, pasando por la imagen de una frontera vapuleada por el hambre. Apañados vamos.
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