Ingesa nos sorprendió a todos. 9 casos más de coronavirus, uno de ellos de una persona ya curada del que ahora se sabe que pasó el virus. El mazazo para Ingesa fue el mazazo para todos, en un momento en que había quienes alegremente pensaban que todo esto había pasado e incluso hablaban del virus como algo ya inexistente. Somos así, la especie humana siempre es capaz de batir récord de imbecilidad. Mientras Ingesa confirmaba a los medios de comunicación la mala noticia y las autoridades seguían ofreciendo consejos para que no seamos tan idiotas, seguía habiendo personas empeñadas en no enterarse de lo que está pasando, aplaudiendo la posible apertura del Parque Marítimo, gestionando los periodos de trabajo y cuándo solicitará vacaciones cuando ni tan siquiera hemos salido de este confinamiento. No sé, hay ocasiones en las que pienso que somos un fracaso como sociedad, un fracaso sin remedio. No nos damos cuenta del daño que hacemos al resto con nuestros irresponsables comportamientos, parece que hayamos olvidado los muertos y nuestra única preocupación se posa sobre cómo conseguir un buen bronceado o eliminar los kilos de más. No reparamos en que hay muchos negocios que dependen de las fases de desescalada para poder abrir e intentar reponerse porque desde que empezó el estado de alarma no han recibido más ingresos que las escasas ayudas ofrecidas, y menos mal que estas, al menos, han servido para no tener que hacer cola en los saturados servicios sociales. El egoísmo en sentido puro se ha convertido en el rey de una sociedad que ha dado muy malos ejemplos: masificación en la calle, incumplimientos de las normas, no cuidado suficiente de la salud común...
Nos llueven los primeros positivos, se pone en riesgo pasar a la siguiente fase, hay temor de que vuelvan a aparecer más y que todo lo que hemos avanzado se pierda en el camino. No es difícil de entender pero cuando no hay más poso que el egocentrismo peleamos ante combates ya perdidos.







Así es Menchu, la gente no es torpe es imbecil.
Totalmente de acuerdo, la imbecilidad, el egoísmo y la irresponsabilidad, campan más a sus anchas que el propio virus.