Me dirijo a su medio para expresar un problema que, lejos de ser puntual, se ha convertido en una realidad diaria para muchas personas con movilidad reducida en nuestra ciudad. Hablo del uso indebido de las aceras por parte de algunos ciudadanos que estacionan coches y motos donde no deben, bloqueando el paso y, en ocasiones, convirtiendo algo tan básico como desplazarse en una tarea casi imposible.
Para quienes utilizamos una silla de ruedas —o acompañamos a alguien que la necesita— cada día es una carrera de obstáculos. Aceras ocupadas, pasos estrechados por vehículos mal aparcados, accesos a comercios o centros públicos que quedan inutilizados por la falta de civismo. Situaciones que obligan a bajar a la calzada, poner en riesgo la integridad física y aceptar que lo que debería ser un derecho se convierta en un desafío constante.
Lo más frustrante es la sensación de repetición: hoy, mañana y pasado. Día sí y día también. Y ante esta realidad surge una pregunta que muchos compartimos: ¿dónde están quienes deben controlar y sancionar estas conductas? No se trata de castigar por castigar, sino de garantizar la accesibilidad y la seguridad de todos los ciudadanos, especialmente de aquellos que dependen de ella para vivir con autonomía y dignidad.
Ceuta no puede presumir de ser una ciudad inclusiva mientras estas prácticas continúen impunes. Es necesario más control, más presencia y, sobre todo, más concienciación. La accesibilidad no es un privilegio: es un derecho.
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