El Pleno de la Asamblea debate hoy, en su sesión definitiva, los presupuestos para 2026. No habrá sorpresa, cada partido ya ha avanzado qué postura va a adoptar y en qué la fundamenta. Lejos de ser un Pleno con su cierto margen de intriga, será una exposición de posturas, una especie de tarjeta de presentación política sobre la que pasar página.
A los distintos líderes les debería interesar solo una clave: si están siendo capaces de llegar al ciudadano. Muchas veces se miran demasiado el ombligo y terminan trasladando exposiciones farragosas, más bien orientadas a satisfacer el ego que cada uno tiene, pero no a responder las inquietudes ciudadanas, que son muchas.
Hoy, de nuevo, nos preguntaremos para qué sirven horas y horas de debate si quienes llevan la voz cantante no son capaces de enganchar al ciudadano, si no son capaces de detenerse en los problemas que realmente importan, quizá, me temo, ni los conozcan.
Se pierden oportunidades para avanzar en la necesaria conexión entre líder político y votante, se pierden los mejores momentos para adoptar un modo de política que realmente obtenga el aplauso social.
Más bien parece que vayamos a estar ante una suerte de escenificaciones para ajustar dónde repartir dinero sin más. Estamos viviendo tiempos complicados, no ya por los problemas arrastrados sino por la desilusión, por la falta de creencia en los políticos.
Eso, además de ser malo, resulta peligroso porque deja cada vez más espacio a los juegos extremistas. Ellos, los que nos hablan, tienen que ser capaces de engancharnos.






