El sol dibuja una alfombra de luz por la arena. El mar choca contra la orilla y produce ese agradable sonido conocido. Una imagen idílica que se destruye a sí misma en tan solo un vistazo. Restos de bolsas verdes, botellas vacías de agua, latas y otros residuos artificiales se cuelan en el arenal de Ceuta.
Es la estampa típica de todos los veranos en la ciudad. Las playas quedan regadas por la basura que dejan tras de sí los bañistas que, tras pasar un apacible día, se olvidan de todo lo que han traído consigo.
A pesar de que existen cubos en las inmediaciones, no es poco común ver esta fotografía en los arenales que se reparten por toda la ciudad. El plástico es, dentro de la amalgama de objetos, el rey de la lista. Es el que más se detecta en los rincones naturales.
Él lo sabe de buena tinta. Acude estos espacios marinos cuando ya todos se han ido. Va acompañado por otros vecinos que aún creen que se puede arreglar el problema. Ellos son parte de un movimiento que trata de provocar un efecto contrario y de contrarrestar la acción incívica que otros generan.
Organizan encuentros periódicos para recoger toda la basura que tiran visitantes y tratan de impulsar actividades enfocadas a la labor de concienciación. Cristian León, miembro fundador de Ceuta sin Plástico, no puede evitar detenerse entre las rocas a indagar. A pesar de que no está en ese lugar por una de estas exploraciones, se lanza a ver en qué estado está el litoral por la zona de Alfau.
Encuentra un cubo y, a escasos centímetros, se deja ver una especie de guante. No le sorprende. Antes de llegar a este sitio más tranquilo y apartado, por la playa ya se localizan restos. Pronto, minutos después, dos empleados de Servilimpce bajan hasta allí, barren y recogen.
El servicio que prestan estos trabajadores es, en realidad, una tirita para resolver el problema. Aunque es de ayuda, no solventa la contaminación que se crea en el día a día. “Este miércoles, por ejemplo, están por la tarde. Si por cualquier motivo lo hubieran hecho por la mañana, el viento es de Poniente, así que habría acabado la basura en el mar”, explica.
Esta posibilidad de que desemboquen en el medio marino es lo que los lleva a hacer más hincapié en estos casos. “Por desgracia, en los montes se quedan ahí”, menciona. “El remedio no es que haya un operario detrás de cada persona, si no que esté concienciada y no tire residuos para no depender de esta prestación para que esté todo limpio”, expresa Cristian León.
Los que más se arrojan son los elementos hechos a base de plásticos. El problema de este material radica en que, en realidad, nunca se deshacen por completo. “Nunca llega a desaparecer. Se va descomponiendo”, cuenta.
“El que cae a las aguas, con la luz solar y demás se va convirtiendo en pequeños trozos, en los conocidos como micro plásticos. Al final, pasan a ser parte de la cadena alimentaria porque los animales los ingieren. Pueden durar cuentos de años”, expone. “Si a alguien no le preocupa esto del medio ambiente, al menos que le inquiete que, al final, es quien se lo come”, matiza.
A pesar de que habitualmente se habla de ellos, existen otros que también constituyen una amenaza para la naturaleza. Un claro ejemplo son los cigarros. “Muchos lo desconocen, pero, poseen una gran cantidad de químicos altamente contaminantes, sobre todo, para la arena de las playas”, relata.
La entidad lleva ya seis años a cargo de estas rutas que luchan contra la basura. León no detecta que haya una diferencia entre unas áreas y otras. Considera que este asunto se da en todas en la misma medida. A lo largo de su trayectoria, se han desecho de quince toneladas, una cifra que en el presente puede alcanzar una de más, según los cálculos del miembro fundador de la organización Ceuta sin Plástico.
Es cierto que, por norma general, los espacios de baño presentan una cara poco amable. Sin embargo, estima que sí que ha habido algo de cambio en todo este tiempo. “Están más sensibilizados porque ya hay entidades a nivel nacional e internacional que actúan y la ciudadanía parece que lo está algo más. Aquí en Ceuta queda mucha tarea por hacer”, remarca.
No existe truco que valga en este contexto. Lo único viable es levantarse y depositar la basura en los lugares adecuados. “Lo más básico es que se lleven de vuelta lo que traigan y si no, que vayan al contenedor, que está a diez metros”, concluye Cristian León.
Las playas siguen, de momento, pintadas por esta estampa veraniega desfavorable. Quedan a la espera de que los ceutíes se responsabilicen y, por fin, les permitan proyectar una imagen idílica libre de residuos.
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