De la pérdida de plazas en el Cuerpo Nacional de Policía se lleva hablando años y años. Ahora ya los máximos dirigentes políticos se suman al carro, viendo en ese reconocimiento el salvavidas idóneo para justificar así sus fracasos. Es la excusa perfecta: caos en el Tarajal, repunte en la inseguridad, fallos en protocolos que están escritos... todo ello debido a la falta de plazas que, ahora, cifran ya en 100, cuando antes nos vendían el discurso de que el número de agentes era el ajustado a la ciudad y su población. No hace tanto que esta tesis era repetida constantemente por la Delegación del Gobierno, hasta que ahora ha dado un giro radical presentándose en sociedad a modo de ‘se hace lo que se puede con los agentes que hay’. Y, ¡sorpresa!, nos dicen que tenemos un puerto y una frontera que, claro, absorben muchos de esos recursos. ¿Pero esa frontera y ese puerto no existían antes, cuando negaban la necesidad de más plazas? Si las hemerotecas hablaran...
Ahora hay otro ingrediente que añadir a las causas del déficit policial: las mejoras sociales. Se queja el delegado de que el potencial de la Policía es un 30% menor porque los agentes han conseguido metas y logros y claro, ahora hay que romperse la cabeza para hacer turnos las 24 horas. Hay que rompérsela porque ahora resulta que policías y guardias civiles tienen que hacer un tope de horas y tienen que cumplir unos descansos y la Administración no puede hacer con ellos lo que quisiera. Pero ¡ojo! que esto tampoco es nuevo, atrás quedan años de luchas sindicales para que se aprobaran esas mejoras en muchos países y la Administración era y es conocedora de las consecuencias de las mismas. Es evidente que, si pudieran, mandaban a la Policía a multiplicar los turnos con tal de llenar los vacíos de los que la clase política es responsable, ¡ay si pudieran!, pero no pueden, porque el órdeno y mando ya ni vale en los cuarteles (o casi).
No estaría mal analizar qué ha hecho el PP durante años y años por suplir las bajas en Ceuta, tampoco estaría mal preguntarse qué tipo de agentes nos envían a la ciudad ‘para jubilarse’ y qué número de plazas son ocupadas por liberaciones. Quizá antes de buscar excusas que tapen los fracasos habría que preguntarse a dónde han ido a parar todas las inversiones estatales durante años y años, ¿a mejorar la frontera para que la labor policial sea mejor?, ¿o a construir una cárcel que servirá para aliviar los problemas de otras ciudades? ¿De eso, quién es responsable?





