Como ya ocurriera con las clases de fotografía impartidas en su día por Hamadi Ananou, la asociación contaba con la colaboración desinteresada de Mustapha Ben Lahmar, uno de los más reputados acuarelistas del norte de Marruecos y con fuertes vínculos con la ciudad. Fue él quien dio el pistoletazo de salida y los ocho alumnos que seguían atentamente sus explicaciones dejaron volar luego la imaginación para completar el resto. “Pintad lo que imaginéis... y sin peligro porque es acrílico y se pueden quitar las manchas”, bromeaba el autor antes de crear, en apenas cinco minutos, un paisaje marino sobre lienzo. Hecha la demostración, los jóvenes tomaron la iniciativa. Unos con pinceles y brochas en las manos, y otros con los instrumentos adaptados –fruto del esfuerzo de Emilio Pina– a la cabeza. Un par de horas después, el fruto de su trabajo decoraba una decena de lienzos de vivos colores desplegada a lo largo de los camerinos del Auditorio, el lugar que Educación cedió a la asociación para llevar a la práctica la actividad. El resultado era el augurado por Ben Lahmar, quien antes de coger las brochas ya había asegurado que no llegaba “para enseñar nada, sino para aprender de estos jóvenes que tanto tienen que mostrar”. Su experiencia le dicta que los alumnos con problemas motrices o intelectuales se dejan guiar “por la inteligencia emocional, algo que les sobra”, y que consigue que “su percepción del mundo sea distinta a la nuestra” porque no les influyen los patrones preestablecidos, los clichés culturales ni corsé artístico alguno. “Más que plasmar algo en el lienzo, lo llamativo para ellos es el ejercicio de tener una brocha en la mano y utilizarla de otra manera”, añadía ayer convencido de que la “psicomotricidad, el gesto a través del cuerpo, influye en todos los sentidos”. Tanto, que reconocía sentirse “sorprendido por la calidad del resultado final”. Lola Bruzón, al frente de la Asociación ‘Programa de Ocio Inclusivo’, velaba para que la actividad fuera un éxito. Junto a ella, las otras tres impulsoras del proyecto (Sandra Caravaca, Nieves Ocaña y Ruth Román) y varias voluntarias. Circulaban de alumno en alumno suministrándoles pinceles y pinturas, favoreciendo su movilidad o aplaudiendo sus logros. Recogían así el esfuerzo volcado en una actividad que ya organizaron el año pasado y que volverá a reeditarse cada quince días hasta junio y, confían, se prolongará también tras el verano. “Tenemos mucha demanda”, destaca Bruzón, que preferiría una periodicidad semanal que de momento es inviable por problemas de agenda en el transporte adaptado, que depende de Cruz Roja. PROI Ceuta es una asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal es lograr una plena inclusión en la sociedad de aquellas personas con parálisis cerebral y/o grave discapacidad motriz. Para ello se basan en recursos artísticos o de ocio, canalizados a través de talleres de expresión adaptados por medio de la fotografía, la pintura o la danza.
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