El hombre aseguró que la Guardia Civil le tenía “manía por ser del Príncipe” y afirmó que él iba de copiloto el día que lo detuvieron.
La magistrada del juzgado de lo Penal número uno dejó ayer visto para sentencia el juicio celebrado contra un joven al que se le imputaba un delito contra la seguridad vial, recogido en el artículo 384 del Código Penal. La pena que el representante del Ministerio Fiscal solicitaba consistía en una multa de 7.200 euros (24 meses de multa a razón de 10 euros la cuota diaria) y 90 jornadas de trabajo en beneficio de la comunidad. Por su parte, la defensa pidió la libre absolución de su cliente.
Durante el juicio, que comenzó con un poco de retraso debido a que en un principio parecía que iba a producirse un acuerdo entre las partes pero finalmente no se hizo, prestaron declaración tanto el acusado como dos de los agentes de la Guardia Civil que participaron en la intervención que derivó en la denuncia contra el joven.
El acusado explicó que el día de los hechos, el 18 de abril sobre las 00.15 en la carretera de Loma Larga, él no iba conduciendo el vehículo, sino que viajaba de copiloto con un amigo. Todo lo demás lo explicó diciendo que los agentes “me tienen manía porque soy del Príncipe” y ya lo conocían de otras actuaciones. El joven adujo además que sabía perfectamente que no podía conducir porque le habían retirado los puntos del permiso hacía unos meses y que por eso mismo no lo hacía.
Las declaraciones del joven fueron negadas por los dos agentes de la Guardia Civil, quienes explicaron que ellos vieron con toda claridad al acusado a los mandos del vehículo y negaron tenerle manía o conocerlo de otras intervenciones anteriores. Igualmente, los miembros de la Benemérita negaron haber agredido o amenazado al joven, tal y como este había afirmado unos minutos antes.
La acusación dijo que el acusado había cometido varias contradicciones, mientras que la defensa otorgó plena validez a las manifestaciones de su patrocinado.






