Una española residente de Perú se encuentra atada de pies y manos en Ceuta tras denunciar que, fallecido su padre por mieloma múltiple, accedió a un grupo de Facebook de afectados por esta enfermedad a través del cual conoció a una persona que la invitó a viajar a Marruecos.
Debía hacerlo sola, asegurándole un hotel y un taxi que la recogería en el aeropuerto; sería un viaje encantador, pero nada de esto sucedió.
Ahora, María solo quiere regresar a Perú. Ceuta está brindándole ayuda a través de servicios sociales, pero hasta el momento la compra de un pasaje no depende de ellos.
Se siente desamparada y quiere regresar cuanto antes a casa porque, según cuenta, esta situación le está dejando secuelas psicológicas. Pide ayuda al Estado, fuerza por la que se siente completamente abandonada.
Servicios Sociales está gestionando que el país desde el que emprendió el viaje corra con los gastos de su regreso, pero, mientras tanto, el destino de María (nombre ficticio por protección) se encuentra a voluntad de la caridad.
No tiene comida, tampoco dinero. Pide ayuda al Estado, pero no la recibe. La única opción rápida sería encontrar caridad en la ciudadanía. Solo pide un boleto de vuelta a Lima.
Para contextualizar su situación, es necesario contar su historia. Según ha relatado, tras fallecer su padre, a quien cuidaba en Italia, volvió a Perú, donde accedió a un grupo de afectados por esta enfermedad ya que ella la desconocía y era lo que se había llevado a su padre.
Esto le llevó a querer indagar. Una vez dentro de esta comunidad, cuenta que, tanto ella como otras personas eran animadas por integrantes del grupo a realizar un viaje a Marruecos para “desconectar” tras la pérdida del familiar.
Les aseguraban la gestión del hotel, también la recogida en taxi en el aeropuerto. María confió y estuvo ahorrando durante tres meses para realizar este viaje tras entablar amistad a través de internet con la persona que la animó a conocer el país vecino.
Una vez llegada al aeropuerto, aún de día, cuenta que el taxi prometido no aparecía. Estuvo esperando durante 7 horas, ya metida la noche, hasta que por fin este taxista apareció.
Llevaba un cartel con mi nombre y me dijo que iba a Tetuán. “Hablaba árabe, no entendía nada más de lo que decía. Me monté y fuimos hasta esta ciudad, donde se suponía que estaría el hotel en el que me alojaría”, relata.
Bajó del taxi y las dudas no tardaron en aparecer. “No había nada luminoso, no había apariencia de que allí hubiera hotel alguno”, narra con la respiración acelerada.
Fue entonces cuando, acorde a lo contado por María, un hombre la sorprendió por la espalda, la agarró del brazo y la obligo a subir a la segunda planta de una casa que estaba muy lejos de ser un hotel.
Forcejearon, pero no pudo escapar. Una vez privada de libertad en este lugar, el supuesto secuestrador le exigió todo el dinero que llevara encima.
Afortunadamente, María solamente viajaba con 200 dólares y algunas monedas, ni siquiera había realizado el cambio de moneda.
Este hombre sorprendido de la poca cantidad que esta mostró comenzó a exigirle la herencia de su padre fallecido, era un secuestro. “No tengo la herencia, ni siquiera sé cuánto sería. Esto requiere un proceso de burocracia y pagar unas tasas que ahora no me puedo permitir”, dice que le trasladó a quien pretendía arrebatarle su dinero.
Cuando se percataron de que María no tenía dinero se marcharon y la dejaron encerrada, no sin antes robarle una de sus mochilas en las que llevaba tres zapatillas “de marca” que había dispuesto para el viaje.
Según su testimonio, cuando la Policía marroquí acudió, que la rescató del domicilio tras el aviso de un vecino, la trasladó hasta el consulado de España en Tetuán. Consiguió hacerle una foto al lugar.
Una vez en el consulado, trasladó que desde la administración le comentaron que “había tenido suerte” ya que otra chica no había corrido con la misma.
“Me dijeron que no era la primera vez que pasaba. Una chica mexicana vino en las mismas condiciones y terminó en el hospital tras una paliza”. Haciendo caso a las palabras de María, desde el consulado le advirtieron que debía abandonar la zona cuanto antes ya que “esa gente se movía por Tetuán”.
Fue desde el consulado de España en Tetuán que se gestionó su traslado hasta Ceuta para que, desde aquí, se le dieran las soluciones oportunas.
La Policía marroquí la acompañó hasta la frontera, cruzó andando. Al otro lado la esperaba la Policía Nacional, quien dio aviso a Servicios Sociales y la derivaron a un alojamiento temporal.
El problema vigente es que María relata estar sufriendo consecuencias psicológicas, hambre, frío y encontrarse en una situación de indigencia, aunque ha sido ayudada para recibir lo básico.
Cuenta que una fundación de caridad de la ciudad le brinda alimento una vez al día, pero no es suficiente para subsistir. Solo tiene unos zapatos rotos para andar bajo la lluvia y no tiene dinero para absolutamente nada.
María necesita ayuda y está sufriendo consecuencias psicológicas.
Ya saben, no confíen en nadie a través e internet y verifiquen muy bien su viaje antes de tomar una decisión importante.
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