Hoy, un año después de que finalmente pudieran marchar a la península tras su paso por un CIE del que mejor no acordarse, sólo un miembro del grupo, Inder, ha conseguido los papeles. El resto sigue viviendo en un limbo, a camino entre la legalidad y la ilegalidad, que afecta a miles de inmigrantes a toda España. Empadronados en distintos puntos del país, con trabajos dispares, siguen su pelea por conseguir la tramitación de los documentos con los que puedan hacer una vida normal.
Babu, Rocky, Mili, Rayu o el mismo Inder forman parte de ese grupo de indios que un buen día llegaron a Ceuta, en donde llegaron a permanecer casi 4 años, evitando así su deportación a la India y ganándose el apoyo de toda la sociedad. Por ellos decenas de oenegés se unieron para recoger firmas; cientos de ceutíes acudieron a su llamada, a las puertas de la iglesia de África, para encender una vela con la que significar el apoyo a su lucha; y fueron muchos los que, desde sus áreas de poder, pelearon porque consiguieran llegar a la península. Un año después han alcanzado parte de su sueño: que no es otro que conseguir la libertad plena. Se han quedado a medio camino, porque les falta la consecución de los papeles que tan sólo uno de ellos ha conseguido. El sistema no se lo pone nada fácil. Les llueven las ofertas de trabajo -incluso en Ceuta han sido muchos los empresarios que han querido que volvieran y en la península, sobre todo en el sur, también hay empresarios que les han apoyado-, están empadronados, pero son ilegales y por tanto clandestinos hasta que no se les tramite la documentación.
El problema está en el nombre. Todos ellos dieron uno falso, como hacen todos los inmigrantes, sobre todo por miedo al escapar en muchos casos de conflictos políticos. Necesitarían cambiarlo por su nombre auténtico, algo que sólo hace la Policía Nacional y que sigue, según las comisarías, distintos baremos. Algo similar ocurre en Extranjería, según el funcionario que te atienda los trámites salen adelante o no. En resumen, que al final en esta cadena todo depende del factor humano y de la sensibilidad del funcionario de turno más que del sistema. El próximo diciembre se cancelarán las órdenes de expulsión de los indios, tras cinco años en el país, cuya permanencia deben demostrar con documentación, algo que no siempre se consigue.
Mientras trabajan en fruterías, restaurantes, comercios... incluso tres de ellos han montado un locutorio en Barcelona... se buscan así la vida, atrapados en un limbo de leyes, documentos y papeles del que resulta complejo salir. La esperanza no la pierden, tampoco sus apoyos porque hay mucha gente que les quiere. De momento sólo uno ha alcanzado la meta.
Inder, el primero en conseguir la documentación
Esta semana se conocía lo que supone todo un triunfo para los indios del bosque. Uno de ellos ha conseguido la documentación. Esta es la carta que ha enviado y que reproducimos: “Hola mi nombre es Inderjeet Singh y quiero dar las gracias a todas las personas de Ceuta que nos han apoyado para salir de allí y de quienes tenemos muchos favores. Gracias a Dios yo que conseguido los papeles después de 8 años. Salí de la India en 2004 llegue a Ceuta en 2007. Recuerdo todos los momentos que pase en esta ciudad y lo que allí ha pasado no puedo olvidarlo. Éramos los indios del monte y nos sentíamos como vuestros hijos. Ahora que tengo papeles voy a ir a visitar a mi familia y quiero daros las gracias otra vez por ayudarme conseguirlo. Pido a Dios siempre por vosotros, ojalá pueda venir a visitaros. Un saludo especial a la gente de Eroski y su cafetería, San Pablo, Centro San Antonio, Elin,la comunidad hindú, y toda la genta del CETI y todos los periodistas, especialmente a El Faro. Un abrazo a todos, Inderjeet Singh”






