La calle sigue hablando. También las instituciones. El Gobierno de la Nación llega tarde. Se ha cumplido un mes de la entrada masiva de miles de personas en Ceuta y siguen dominando las dudas sobre la transparencia. Salvo enfrentamientos entre ministros, no hemos asistido a una acción efectiva, clara y contundente que sirva para animar a los ceutíes, para elevar la querencia que se tiene por esta tierra, para reportar entre los caballas las mismas garantías que tienen el resto de españoles.
Hay detalles que duelen, también significan mucho. Detalles como los conocidos en la entrevista a Juan Vivas, presidente de la Ciudad, publicada este lunes en nuestro decano.
Estamos ante una crisis de envergadura, tanto que supera el ámbito local y nacional. Todo el mundo habla de Ceuta, todas las cadenas de televisión y principales medios se fijan, colocan el foco, en este lado del Estrecho.
Pues bien, siendo todo esto importante, habiendo un pueblo que sufre, una sociedad que necesita sentir el calor del Gobierno de la Nación, conocemos que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni siquiera ha descolgado el teléfono para hablar con la principal autoridad de la ciudad y pulsar cómo están estos españoles de aquí abajo.
No lo ha hecho. Crea un gabinete de crisis, un mando único, anuncia inversiones, traslada cuantiosas promesas, pero es incapaz de cumplir con su obligación de ser el presidente de todos los españoles, le hayan votado o no, para atender la situación que vive este pueblo.
Ni una llamada, ni una pregunta, ni un mensaje cercano, ni una aproximación, ni un detalle con un pueblo que no levanta cabeza, un pueblo al que solo le queda estar unido y mantener la esperanza de que todo volverá a ser como antes, de que la capacidad de resistencia volverá a ser igual de fuerte.
Un presidente del Gobierno debería estar preocupado por lo que sucede a este lado del Estrecho porque es su obligación, porque aquí se ha producido un ataque (dicho por él) a la integridad territorial, porque aquí se ha producido una invasión de miles de personas hasta doblar el número de habitantes que tenía Ceuta.
Siendo algo gravísimo, la postura inicial fue la de mantener sus vacaciones y la que ha continuado es la de delegar en un mando único una coordinación que le permita lavarse las manos sobre la cuestión Ceuta.
Pero es que resulta que esa cuestión Ceuta es hoy por hoy la que más importa en todo el país, supone hoy por hoy uno de los principales asuntos de interés geopolítico, debe ser hoy por hoy la máxima preocupación del presidente del Gobierno.
Ceuta se presenta como la tumba del Sanchismo, la tumba política para un presidente que no ha sido honesto con los españoles de esta tierra, un presidente que ni siquiera comunica a la máxima autoridad de Ceuta un mensaje para quienes habitan esta tierra a este lado del Estrecho.
Hay detalles y gestos políticos necesarios. Más aún cuando un pueblo está dolido porque siente que lo pierde todo, hasta su identidad y su historia. Hay detalles y gestos políticos que no pueden obviarse, que exigen de la intervención directa de un presidente.
Sánchez sigue de vacaciones, sigue sin entender la cuestión Ceuta. Y esto, además de ser despreciable, resulta peligroso e indecente.
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