• El grupo de 56 asiáticos, cuya salida de la ciudad se encuentra bloqueada, se dirigió ayer a las dependencias de la Jefatura de Policía en busca de una respuesta a su problema

Cerca de un año es el lapso más largo que permanecen algunos de ellos. Son un total de 56 hombres procedentes de diferentes países del sur asiático y son la viva imagen de la desesperación. Ante las puertas de la Jefatura de Policía recibían ayer a El Faro. Fue el siguiente paso después de muchos meses de silencio y desesperación. Necesitaban respuestas, querían saber, conocer por qué ellos, por qué ese bloqueo que les mantiene retenidos, enclaustrados, aislados en la ciudad y les veta cualquier posibilidad de iniciar una nueva vida.

En sus caras se aprecia derrota, tristeza e impotencia. El silencio que guarda el grupo postrado frente a las dependencias policiales lo dice todo. “Tenéis que aguantar”, les formularon en las dependencias policiales. “¿Cuánto tiempo?”, se interesaron en conocer. Pero la respuesta no fue nada esperanzadora. “No os podemos concretar un período, aguantad más”, contestaban.

No desisten, pero tampoco saben qué más hacer. Su único y mayor anhelo es cruzar el Estrecho, comenzar una nueva vida en esa ansiada península, una coyuntura que, señalan, para otros es muy fácil, pero para ellos nunca llega.

“Desconocemos por qué no formamos parte de las salidas a la península. Nos mantienen en Ceuta con un bloqueo inexplicable que desde ninguna administración nos dilucidan”, explica Nasir Ahmed. El joven ha sido elegido por el grupo como portavoz, es el único que habla español por lo que a su alrededor los compañeros se aglomeran para dar a conocer su postura. Algunos estallan con indignación, porque “ya no pueden más”. “Los morenos (subsaharianos) llegan con una frecuencia mucho más elevada y, prácticamente, todas las semanas parten hacia la península. ¿Por qué a ellos no les bloquean?”, traduce Ahmed. Comentario que repiten con frecuencia, porque para ellos no cabe la lógica de las salidas de subsaharianos mientras ven constantemente truncadas sus esperanzas para marchar.

Mientras las instituciones les instan a que tengan paciencia y esperen, su vida no va más allá de intentar “sobrevivir”. “En el CETI no estamos mal pero eso no es vida, no es lo que vinimos a buscar, no estamos aquí solo para comer y dormir”. El largo viaje que emprendieron fue por un motivo: sobrevivir y encontrar un futuro para ellos y sus familias. “Estamos aguantando, sufriendo y cada uno carga con sus propios problemas, su historia. Hemos llegado hasta aquí para buscarnos la vida, para alimentar a nuestras familias. Si tuviésemos dinero estaríamos en nuestro país, no hay necesidad alguna de atravesar esta situación de penurias”, expresa Ahmed.

Una compleja coyuntura que se agrava con la relación de sus compañeros subsaharianos durante la convivencia en el centro. “Nos roban cualquier tipo de enseres personal desde ropa, teléfonos móviles e, incluso, el poco dinero que podemos tener. Además son como una mafia que no nos dejan trabajar. Tienen el monopolio de los parkings y nos echan cuando vamos. Después ellos se van, nosotros nos quedamos tranquilos, pero, sin embargo, seguimos aquí, encerrados, sin poder salir”.

Este bloqueo está forzado para evitar la reactivación de la vía asiática, según informa el Ministerio de Interior. Se ordena la ralentización de los traslados para evitar ese “efecto llamada”, sin embargo, explican que son el colectivo menos masivo y que no se encuentran en situación de igualdad. “Ellos llegan en avalanchas masivas, nosotros este año solo somos 56 y los últimos llegaron hace varios meses. Para ellos hay salida, para nosotros no. Sin embargo dicen que todos somos iguales. ¿Dónde está esa igualdad cuando no recibimos un trato semejante?”, dice Ahmed con crispación. “Los asiáticos estamos sufriendo, solamente pedimos que se aplique esa igualdad, nosotros también queremos salir”.