El joven cantautor ofreció este jueves un concierto ante el alumnado del instituto Almina, a los que se ganó a través de su personal estilo y sus reivindicativas letras que cuestionan a la sociedad y al mundo
Lo definieron en sus inicios, allá por el 2012, como un cantautor rapero. Y, precisamente, a ritmo de rap irrumpió en el instituto Almina. Plantado en medio del salón de actos y, entre un sórdido silencio, Pedro Pastor comenzó a recitar poesía. Sus versos enlazaban con golpes de pecho que, rápidamente, fueron imitados por todos los presentes. Su gran dominio de la lengua y el ritmo brillaron e impactaron a los presentes a la vez que lanzaba mensajes claros, sin titubeos, verdades como templos, de esos de los que nunca se ha escondido, más bien todo lo contrario, porque la denuncia social siempre está presente. “La lucha de cada día por despertar, por el cambio social y por rescatar a la humanidad y la naturaleza que el maquillaje y el asfalto no nos deja ver”, decía.
Pastor comenzó a componer a los 13 años y desde hace seis se mueve por los escenarios de todo el panorama nacional e internacional. Con tan solo 24 años cuenta con cuatro trabajos a sus espaldas, pero asegura ir pausado porque la música es algo de lo que desea vivir siempre. “Vamos lentos si vamos lejos. Vamos despacito porque queremos vivir de esto toda la vida, por lo que nos podemos dar pasos en falso. Tenemos que medir bien donde vamos y tener muy claro cuál es nuestro objetivo para ser fiel y coherente a nosotros mismos”, aseguraba ante los medios minutos antes del concierto.
El joven ha destacado por ser ese cantautor del siglo XXI, una etiqueta que reivindica pese al eclecticismo de su música. “Me considero un cantautor porque voy solo con mi guitarra y al final hago canciones desde mi verdad, mi desnudez y en busca de la belleza. Creo que eso define mucho la canción de autor que está en constante transformación, pero tratamos de estar en contexto y relatar lo que está sucediendo”, manifestaba.
Pese a ser un género íntimo, destinado al público menos masivo, Pastor consiguió la atención de los presentes, y que estos le acompañasen a lo largo del recorrido por sus temas vitales y sociales. El artista reconocía que la invitación a centros escolares “es un regalo del oficio, porque la música te permite viajar”. Se definía como cancionista, viajero y caminante. Y destacaba que la oportunidad de actuar para escolares es un “extra” porque “me permite contar a la gente más joven las cosas en las que creemos y esa es realmente la educación que necesitamos”.
Pastor viajó hacia la búsqueda de uno mismo como persona, y hacia el empoderamiento “que significa encontrarse como ser humano con una identidad propia”.
El mensaje para su público fue claro, sin desviarse de su línea hizo hincapié en esos valores a los que tanto suele clamar. “Sobre todo la empatía, que es lo que más falta en el mundo en el que vivimos”, señalaba. “Debemos trabajar la solidaridad y la generosidad, valores que nos permitan, como seres humanos, ser conscientes de nuestro alrededor para construir un espacio vital más seguro”.





