En plena fase 0 el Gobierno de la Ciudad anunció la suspensión de todos los eventos culturales y religiosos. Tardó un poco más en concretar algunos de calado como el caso de la Feria de Ceuta pero mucho menos en otros de gran importancia social, religiosa y cultural como fue el caso de la Semana Santa, cuya suspensión se adelantó al propio estado de alarma. Se estableció un mes: septiembre, para buscar el reinicio de, por ejemplo, actividades culturales que ya de por sí podrían estar realizándose con un aforo concreto, pero se ha preferido poner por delante la prudencia y los criterios sanitarios antes que llevarlos a cabo. Por eso ahora no se entiende que se busque una polémica con la celebración de la Pascua del Sacrificio. La Ciudad no se ha pronunciado para este caso en concreto porque ya hizo sus consideraciones con antelación: quedaba suspendido todo lo que se iba a celebrar antes de septiembre: el Corpus, las procesiones de la Virgen del Carmen, la propia Feria... además de los conciertos y actos culturales en agenda. Nadie dijo nada cuando de boca del propio Juan Vivas se dio difusión a este anuncio. ¿Qué ha pasado entonces para que ahora se busque una polémica ante la no celebración de la Pascua del Sacrificio? Sorprende y mucho. Resulta incluso difícil de comprender. Todos sabemos que es una celebración importante para la comunidad musulmana, pero igualmente sabemos que lo que prima ahora es la salud de todos y pensar en celebrar esta festividad de igual manera que otros años choca con las mínimas normas de seguridad para todos y con la búsqueda de ese bien común que pasa porque sigamos sanos.






