El pasado viernes publicaba un artículo que titulaba “HEMOS MEJORADO”, en el que afirmaba que bien entrados los años ochenta, los guardias civiles no disponían de un día de descanso a la semana y la jornada laboral se aproximaba o superaba las 400 horas mensuales.
En definitiva, venía a decir que aunque estamos discriminados en relación al Cuerpo Nacional de Policía, policías locales y autonómicos, hemos mejorado mucho en jornada laboral, equipamiento policial, vehículos, vacaciones y otros aspectos profesionales.
Pues bien, no han tardado los compañeros más jóvenes en decir que he exagerado un poco en eso de la jornada laboral, porque es imposible llegar a esas horas de servicio. Para empezar, les dije que les agradezco que me pregunten, porque sé que leen con interés lo que se escribe en la página de los domingos titulada “CASA CUARTEL”. No es la primera vez que nos felicitan o nos critican. Siempre no gusta lo que se dice y eso es lo interesante de la democracia, poder opinar con libertad.
En esta ocasión he tenido la oportunidad de explicar con detalle el tipo de servicio que realizábamos y, además, como todavía no soy tan viejo, he podido señalarles otros compañeros de Ceuta que han realizado esas jornadas interminables y exigentes. No son pocos los guardias civiles de mi promoción que están destinados en Ceuta y que fuimos a Madrid como primer destino. Nos incorporamos y comenzamos a prestar servicio de protección de personalidades (domicilio de embajadores, embajadas, prisión de Carabanchel, etcétera) cuyo turno era entrar de 8 de la mañana hasta llegar a la Comandancia de Madrid sobre las 21.30 de la noche, durante 30 días. Tras ese periodo, cambiabas de turno y comenzabas el servicio desde las 20.00 horas hasta las 9.30 aproximadamente, un mes seguido de servicio nocturno.
Solo queda multiplicar 30 días al mes por una media de 14 horas diarias, el resultado 420 horas mensuales.
Mucho más exigente era el servicio en Ceuta. Bien entrados los años noventa, se trabajaba ocho por ocho, es decir, ocho horas de servicio por ocho horas libres, o lo que es lo mismo, en un día se trabajaba hasta 16 horas y el día de descanso brillaba por su ausencia. Pero aún era peor, porque los guardias íbamos concentrados a los fuertes de Mendizábal, Isabel II, Piniers, etc. Las concentraciones eran 10 ó 20 días al mes y el servicio era el mismo, es decir “ocho horas de servicio, ocho horas libres”, pero con la particularidad de que solo podíamos bajar a casa dos tardes y dos mañanas durante 7 horas aproximadamente, porque dormir había que dormir en los fuertes.
El paso del tiempo te hace ver las cosas con una perspectiva más sosegada y amplía de los momentos vividos. Es la historia que nos tocó a los guardias civiles de esta época. Ahora, con el paso del tiempo, reconocer que hemos mejorado mucho para bien y que hemos perdido otras cosas para mal, no es ni más ni menos que el resultado de una reflexión que difícilmente pueden compartir generaciones de distintas épocas, porque no podemos obviar que en la Guardia Civil prestan servicio funcionarios de distintas generaciones. Una particularidad complicada y también enriquecedora, porque compartir muchas horas generaciones distintas no es fácil.
Hablaba de que hemos ganado mucho en jornada laboral, vacaciones, derechos, vestuario, equipamiento policial, vehículos; pero también hemos perdido en compromiso, en compañerismo por muchas circunstancias, entre otras, porque no se comparte tanto tiempo con el compañero. Un ejemplo fácil de explicar es que hace años difícilmente un guardia llegaba tarde al servicio, no porque no se despertara al sonar el despertador, sino porque los compañeros estaban pendientes ante cualquier retraso y rápidamente se acercaban al domicilio y el saliente esperaba hasta que se incorporara para evitar reproches disciplinarios –no había móvil y muchas veces ni fijo-. Este es un pequeño ejemplo, pero hay muchos, sobre todo cuando un compañero o su familia sufrían cualquier percance grave.
Eso es lo que quería expresar en el artículo del viernes, no todo lo nuevo es bueno y no todo lo antiguo es arcaico y hay que desecharlo. Saber compaginar la historia y el presente es afrontar el futuro con la seguridad de que la Guardia Civil será un referente en la seguridad pública.





