Somos muchos los ciudadanos que nos preguntamos para qué sirven realmente los plenos. En la práctica el resultado es, en la mayoría de las ocasiones, absurdo. Acuerdos plenarios que no se ejecutan, debates en los que parece que los participantes están más pendientes del plano de la televisión que de proponer asuntos que realmente interesen a todos. Y, peor aún, puntos que se repiten, que son debatidos una y otra vez sin sentido alguno.
Habría que dar un giro a todo. No se trata de enarbolar la bandera de una revolución ciudadana para cambiar el sistema, pero sí que son necesarios cambios que tengan un sentido práctico.
Miren el foro plenario que tenemos. Sinceramente es bastante vergonzosa la comparativa entre cómo se formó y cómo ha terminado (de momento). Grupos rotos, diputados no adscritos que no hablan, otros que hablan demasiado para salir en la foto, partidos en los que hay unas pocas voces cantantes mientras el resto calla, y por supuesto la silla vacía que queda muy bien para dejar el bolso.
Hay que pulsar el sentir ciudadano, cambiar la manera de proceder, dar sentido a una actividad plenaria que ahora mismo sirve para bien poco. De lo que se acuerda se cumple la mitad; de lo que no, tampoco sacamos un aprendizaje para evitar más ridículos.
Si se trata de que el ciudadano se enorgullezca de la acción política sea cual sea su voto, quizá habría que empezar por darle una vuelta a una maquinaria que parece obsoleta. El problema radica en que parece que nos da miedo todo, aunque no mover un dedo signifique perpetuar el fracaso.







La Asamblea de Ceuta se pondrá muy interesante próximamente .Veremos otro vuelco en el tablero político.que casi nadie se espera.