Los trabajadores de limpieza están en su derecho de plantarse y anunciar que no acudirán a recoger basura a la barriada del Príncipe si no cuentan con la seguridad debida, después de que la pasada madrugada dos de estos empleados se vieran acosados por unos individuos. El trabajo debe ser desempeñado con todas las garantías, sin miedos, sin sentirse coaccionados ni amedrentados. Ni estos ni ningún otro trabajador tiene por qué acudir con miedo a prestar su servicio, no tienen por qué estar pensando que les puede ocurrir algo solo porque haya determinados individuos que burlan las normas y que además cometen delitos, ensuciando el nombre de toda la barriada. Sin escolta policial, dicen, no van a subir a recoger la basura. Una medida de presión que pretende garantizar su día a día laboral, pero que tiene su consecuencia directa y negativa en todos los vecinos que se levantarán con la basura acumulada sufriendo además la insalubridad. No pueden ni deben pagar justos por pecadores pero tampoco, cierto es, no se puede ir con miedo al trabajo para terminar acudiendo al HUCE con un ataque de ansiedad porque unos desaprensivos han querido hacerte daño. Habrá que adoptar medidas para recuperar esa seguridad que se está perdiendo y que se está materializando no solo en esto que ha ocurrido, sino también en la quema continuada de vehículos y contenedores, en la burla del toque de queda y las agresiones permanentes. No debe ser tomado lo que sucede como un caso aislado, como un hecho anecdótico. Es preocupante y como tal hay que poner remedio antes de que la cosa vaya a más y tenga una difícil corrección.







Pero los justos tapan a los pecadores ,eso los convierte en cómplices o no