El ceutí Francisco Pallarés Escorza, más conocido como Paco, tiene 75 años. Su furgoneta, que es su casa, volcó la semana pasada en Ceuta, frente al Chorrillo y para su reparación necesita solvencia económica, un recurso del que carece.
Por ello, pide la colaboración ciudadana o de las instituciones para recuperar su vehículo, que también es su hogar.
El mayor sueño de Paco es poder reinsertarse en la sociedad, lograr un trabajo de 4 horas compatible con la pequeña paga que recibe -insuficiente para vivir- y poder recuperar su furgoneta, que algún día espera que sea solamente su vehículo y no su hogar.
Nació en Ceuta en 1951 y se autodefine como “caballa” con orgullo y sentimiento de pertenencia, aunque haya vivido fuera durante años. Tras atravesar momentos difíciles por capricho del destino, Paco regresó a Ceuta hace dos meses con un objetivo claro: reencontrarse con su ciudad y empezar de nuevo.
Su casa es una furgoneta. Su vehículo no solamente es su refugio, es su vida, su único lugar seguro. Pero todo cambió el pasado 1 de julio, cuando volcó en una curva estrecha ubicada donde antaño pasaba el tren, frente a la playa del Chorrillo, dejando el vehículo seriamente dañado e inhabilitado para circular.
La voz de Francisco transmite entereza, pero también un triste sentimiento de resignación. Dice que no quiere recordar su pasado, sino mirar hacia adelante, vivir los años que le quedan en paz y con dignidad.
“Yo soy un trabajador, soy atleta, me gusta el deporte”, cuenta. Con 75 años, su cuerpo sigue activo, y su mente despierta. Tiene iniciativa, ideas y energía, un aspecto digno de admirar. “Quiero vivir tranquilo, trabajar, ayudarme a mí mismo”, recalca.
Para ganarse la vida, al llegar a Ceuta, decidió retomar uno de los oficios que conoció desde niño: vender helados.
Con una nevera portátil, ayudándose de su furgoneta para transportar la mercancía, recorría las playas a pie, especialmente la del Chorrillo, donde empezó a ganarse unos euros que le permitían comer y sobrevivir. “Me iba bien. Vendía mis helados y vivía de eso”, relata.
Pero ese pequeño sustento también desapareció. Tras el accidente, la furgoneta quedó tan dañada que no puede circular. Y para colmo, la Policía Local se incautó de una de sus neveras y parte de su mercancía. Desde entonces, ha perdido su única fuente de ingresos.
El lugar del accidente es conocido por su condición estrecha, un tramo con un antiguo túnel ferroviario, que hoy apenas permite el paso de vehículos grandes, según cuenta Paco.
Ya había atravesado dos veces esa vía antes sin problemas, pero esta vez, con su furgoneta cargada de helados, se topó con una piedra en el camino, que bastó para desestabilizar el vehículo y hacer que volcara.
“Me cayó todo encima, todo lo que llevaba”, recuerda con serenidad, reconstruyendo con gestos como sucedió todo.
La Guardia Civil y la Policía acudieron pronto a socorrerlo, logrando sacarlo por la ventana. “Gracias a Dios, no me pasó nada grave, pero la furgoneta está fatal. Está abollada, rota por varios lados, los faros partidos…”, muestra a El Faro de Ceuta señalando cada golpe en la carrocería.
El motor, sorprendentemente, sigue funcionando. “El guardia se subió y la arrancó. Me dio un bienestar en el cuerpo que no veas”, dice con una sonrisa tímida.
Pero eso no basta. Necesita reparaciones para poder volver a usarla legalmente y vivir de forma más segura, pero no tiene recursos para hacerlo.
Francisco vive en su furgoneta, aparcada actualmente junto a la gasolinera Cepsa del puerto. Allí duerme, se cocina con un pequeño camping-gas, y lava su ropa en la playa de Calamocarro. “Ahí tiendo mi ropa, y ahí cocino. Todo lo hago allí en Calamocarro, pero ahora no puedo”, relata.
Lo fascinante es que no solo vive, también fabrica en este espacio pequeños artículos artesanales: soportes de madera para hacer ejercicio, flores de pasta de porcelana, marquetería, incluso reproducciones de pateras “con un nivel de detalle” sorprendente.
“Todo lo hago con mis manos, lo aprendí en los años duros, pero me gusta, y quiero vender mis productos”, cuenta. Intenta ganarse unos euros vendiéndolos a precios simbólicos, con la esperanza de que alguien valore su esfuerzo.
Su situación es crítica. No cobra su pequeña pensión desde hace tres meses por un error bancario, y eso, sumado a la pérdida de su negocio ambulante, lo ha dejado en la cuerda floja.
“No tengo ni para desayunar”, confiesa. A veces alguien le invita, como ha ocurrido este domingo.
Su intención era trasladar la furgoneta a Marruecos para su reparación, pero el estado de la misma no le permite cruzar la frontera.
Francisco no pide caridad, pide ayuda. “Yo lo que quiero es que me reparen la furgoneta. Es mi casa. Es donde duermo, como y vivo”.
Hace una llamada a las instituciones, al Ayuntamiento, pero también a la bondad de los ceutíes. “Los caballas son muy buena gente”, dice. “Yo solo pido que si me pueden echar un cable, que lo hagan”.
A pesar de todo, no se rinde. Ha propuesto incluso trabajar unas horas en la gasolinera cercana: limpiar, ayudar, “hacer lo que sea”. “Tengo ganas, no me quiero quedar quieto. Quiero ganarme la vida honestamente”, insiste.
Francisco Pallarés Escorza no es solo un hombre mayor con una furgoneta que necesita reparación. Es un ejemplo de resistencia, de ganas de vivir y esperanza. Ceuta tiene ante sí la oportunidad de ayudar a uno de los suyos a volver a empezar.
Quien quiera colaborar, puede acercarse a su furgoneta azul, junto a la gasolinera Cepsa del puerto. Allí está Paco, esperando una segunda oportunidad.
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