Es increíble observar la polémica que se ha generado en torno a la decisión de la Ciudad de hacer la cabalgata de Reyes de forma estática para evitar aglomeraciones que causen un mayor aumento de los contagios. Casi roza el surrealismo que, estando la cosa como está en cuestiones sanitarias, aún haya personas que se molesten porque se tomen precauciones con las que intentar poner freno a un coronavirus que se ha disparado en Ceuta en las últimas semanas con la llegada de la contagiosa variante Ómicron.
Vayamos por partes. A todos nos ilusiona ir a ver la cabalgata, recoger caramelos y disfrutar de una tradición que llevamos dentro. Hasta ahí correcto. Las ganas eran palpables y se intentó, se programó y se iba a llevar a cabo. Pero, desafortunadamente, el covid ha vuelto a repuntar hasta tal punto que finalmente va a ser imposible. En lugar de anular el acto y volver a dejar a los pequeños sin esa vivencia que supone ir a ver a los Reyes la tarde antes de recibir los regalos, se ha optado por una solución intermedia que, además, no solo se va a llevar a cabo de esta forma en Ceuta, sino que se va a repetir en muchas ciudades españolas como Valencia o Melilla por poner algunos ejemplos. El acto está bien pensado, sobre todo porque era imposible evitar aglomeraciones en ciertas zonas de la ciudad al paso de la cabalgata convencional. Una acumulación de niños a las puertas de la vuelta al cole y estando aún muchos de ellos sin vacunar... blanco y en botella. El resultado habría sido nefasto para todos. Así que dejemos de quejarnos e intentemos adaptarnos, que ya vendrán tiempos mejores en los que vuelvan a volar los caramelos.






