La rueda de prensa a lo Raphael que ofreció el exviceconsejero Rachid Ahmed está sirviendo para dar el juego que algunos esperaban como agua de mayo.
Las acusaciones sobre corrupción sin concretar en nombres, casos y situaciones que prodigó Ahmed han servido para poner de manifiesto no solo la reacción del Gobierno, sino también la forma que algunos tienen de hacer oposición. Está la forma sosegada y basada en el análisis que demuestra Caballas (quien antes de amenazar con ir a la Fiscalía, intenta saber lo que hay) y la del embiste que, desde hace meses, pone en escena el PSOE. Da igual lo que se denuncie, mientras se consiga un espacio mediático bueno es. Así que, aprovechando el espectáculo de Ahmed, Carracao se ha apresurado a exigir una comparecencia del presidente para que aclare esos casos de corrupción. Tan cegado está por ser el alcalde del pueblo, que quiere que sea Vivas el que explique la corrupción que supuestamente ha visto Ahmed, aunque ni éste mismo se aclara, a pesar de ser abogado y saber que si uno es conocedor de un asunto debe denunciarlo. Si no lo hace... mal asunto.
Tal es la obsesión del ‘crack’ socialista, que arremete incluso contra el otro partido en la oposición porque no le sigue ese juego mezcla de obsesión y de búsqueda enfermiza de protagonismo mediático (todos los días envía dos o tres notas de prensa y a pesar de ello, anuncia comparecencias para contar lo mismo).
Caballas siempre ha seguido el mismo camino: investigar, conocer realmente si existe alguna irregularidad y denunciar en el juzgado. El PSOE trabaja a la inversa, acude corriendo a las faldas de la Fiscalía, habla de corrupción y luego se esconde cuando realmente se sabe que no hay nada de nada. Pasó con el caso Urbaser o con el famoso video de youtube en el que se pintaba a Vivas de mafioso. Este último caso fue incluso más sangrante porque ni el propio Carracao, que tanto se había alarmado por esa corrupción, no acudió a declarar como testigo al juicio, faltando a su deber con la Justicia (éste es el respeto que tiene).
Mohamed Alí ha sido claro en su postura: primero tendrán que saber cuáles son esos casos de corrupción a los que alude, sin claridad, el propio Ahmed, para luego plantearse una denuncia. Aunque, en el fondo, quien tendría que ser más claro que nadie es el propio Ahmed, diciendo lo que sabe, siendo lo que hasta ahora no ha sido: valiente y leal con los ciudadanos. ¿No dijo que se queda con el escaño porque ha sido obtenido con votos suyos? Pues de igual manera devuelva ese respeto haciendo lo que debe hacer alguien que se les da de moral: denunciar lo que sabe.
Si Mohamed Ali se confiesa “alucinado” por el ataque sin fundamento del PSOE, ya se ha sumado al carro de quienes están así desde hace tiempo, el mismo que lleva esperando el ‘crack’ para ser presidente. Lo malo es que esa carrera la tiene que ganar a pulso. Ahí no le pueden colocar como siempre le han hecho; ahí no puede quitarse gente válida del camino para que no le hagan sombra y así ganar; ahí no puede maquinar guerras sucias (vaya despedida está dando a los militantes que han osado llevarle la contraria en las Primarias... ¿no?, ¿señor demócrata?). Para ser presidente se lo tiene que trabajar, tiene que aprender, debe estudiar... no jugar a ocupar espacios mediáticos con la primera historia que le convenga. Así no se hace política. Solo se queda en el embiste.





