Lo ocurrido en el intento de entrada de cientos de subsaharianos en Melilla es algo demasiado grave como para ser considerado un episodio más con tintes trágicos en la frontera sur. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha estado a la altura en esa simplista forma de capear lo sucedido agradeciendo a Marruecos su labor y culpando a las mafias. Para decir eso mejor estar callado. Igual que hace Europa, que se esconde por vergüenza.
Ni siquiera se inmuta ante una situación tan dura como la sucedida en sus fronteras, en las que tiene abandonadas por mucha escenificación de coraje que manifestara cuando se produjo la crisis de mayo, ni mucho diputado parlanchín que ocupe titulares y llene de estudios e informes hechos como trajes a medida. Como siempre Europa demuestra a qué altura queda cuando tiene que decir algo, cuando tiene que intervenir.
Triste es también que para informar a los demás la amplia mayoría de medios de comunicación se quede en las lecturas generalistas basadas en ejercicios de meras cotorras, dando espacio a los que otros dicen en vez de analizar sobre el terreno qué ha podido ocurrir para que muera tantísima gente (las cifras no hacen sino aumentar) y para que tuviera lugar una forma de entrada tan caótica, tan desastrosa, tan impropia. Los vídeos, todos grabados por gente desconocida haciendo uso de sus teléfonos móviles, son estremecedores. Lo que recogen no debería ser pasado por alto como algo más de lo que mañana no hablaremos. La gravedad que desprenden estos documentos debería haber provocado una reacción al más alto nivel, pero sin embargo se termina hablando de lo de siempre y dejando que los partidos políticos copien sus patrones basados en el oportunismo. Vox, evidentemente, vuelve a tirar de bandera y pide desplazar al Ejército y cerrar fronteras, yendo hacia atrás en el tiempo pero sin preocuparle lo más mínimo. No busca más que el impacto. Tienen a sus fans, no hay más.
El PSOE calla al igual que el PP, partidos nacionales con historia que ejercen de burdas marionetas. Unos preocupados en regalar distinciones, otros pateándose las barriadas. No se atreven a hablar de los problemas graves, les vienen demasiado grandes o son tan cobardes que ya ni se esconden y se presentan en sociedad así.
Quienes trabajan sobre el terreno denuncian que ni siquiera se sabe cuántos cadáveres han llegado a la morgue de Nador. Podríamos estar hablando de una de las mayores tragedias, sorprende la callada y la inacción ante este show de fronteras inservibles en donde la entrega al caos le ha tocado ahora a Melilla pero mañana le puede tocar a Ceuta.
Y en medio de esta situación unos guardias civiles que siguen igual que siempre, sin medios, expuestos al límite mientras el Ministerio del Interior obvia las advertencias recibidas.






