Lo grave es que no pase nada. Que se tenga que suspender una vista judicial por falta de un magistrado y lo tomemos como algo normal. Que estén los acusados, los testigos, que se hayan hecho los deberes oportunos y las ya populares ‘causas de fuerza mayor’, que no son más que manifiestas incompetencias de los de turno, provoquen este resultado. No es normal pero sí es algo consentido. Ceuta hace su trabajo, pero cruzando el Estrecho los que deben velar porque esta maquinaria funcione miran hacia otro lado o no reaccionan con la celeridad debida. ¿Han leído alguna reacción a lo sucedido ayer en la Audiencia? No la busquen, no la van a encontrar.
Tenemos acusados citados que han venido, testigos que han adecuado su agenda o han pedido permisos para cumplir con su obligación, pero la administración no responde ni está a la altura porque a pesar de ser informada de la ausencia de un magistrado para poder constituir la Sala ha preferido permitir que se adopte la decisión más sangrante, la suspensión. Y no pasa nada. Al malestar de los dos magistrados al verse obligados a no poder celebrar se sumaba la cara de circunstancia de quienes son víctimas de que la maquinaria no funcione como debe. Y esto sucede en la administración judicial, la misma que exige al ciudadano que cumpla, la misma que no puede dar ejemplo por mermas de este tipo.
Lo que nunca debió pasar ocurrió. Quizá si el ciudadano supiera lo que cuesta organizar un juicio, el dinero que supone de movilización de medios, los cuadrantes que tienen que hacerse y la disponibilidad del ciudadano para cumplir con un deber, darían importancia a incidencias como la sucedida ayer con la gravedad que esto tiene para la propia imagen de la justicia y el respeto que merece.
Tenemos antecedentes de fallos informáticos, de declaraciones que han tenido que repetirse, de medios técnicos que entorpecen más que ayudan, de falta de conexión directa con Madrid para responder con rapidez a las trabas que se dan en Ceuta. Tenemos todo esto sin que se haya producido una reacción adecuada y rápida. Y no pasa nada, quizá porque -no queda otra lectura- lo que sucede aquí ni les interese. Y es triste pensar así pero son demasiadas las incidencias que demuestran la burla constante.






