Todos los años surge la misma polémica: la del rey pintado. Salvo contadas ocasiones, siempre se ha apostado por la figuración en vez del realismo y quienes criticamos esta decisión somos tildados de tiquismiquis. Elegir un rey pintado dice mucho de la sociedad que apuesta por ello. Y en Ceuta llevamos años no solo haciéndolo sino normalizándolo, que es lo peor.
En esa escenificación que ha sido trasladado a esta sociedad entregada al consumismo y olvidadiza consentida del auténtico espíritu de la Navidad, todo termina tergiversado, todo es artificial y pega más tener un rey pintado como quien coloca un rinoceronte en el belén amoldando el Nacimiento a sus querencias.
El rey pintado lo ubicamos como una pieza más de esta cabalgata reconvertida ya en una especie de lotería de a ver quién puede trincar más caramelos -paraguas incluidos-, sin dar incluso la relevancia histórica a lo que esto supone.
Baltasar lo adaptamos a nuestro programa y con un rey pintado nos es suficiente. Se hace sin darle mayor importancia porque, ahí está el error, se termina organizando una cabalgata de Reyes como se organiza una de carnaval o de feria. Llegará un momento en el que será difícil encontrar a los reyes en la marcha, porque irán perdiendo su protagonismo entregándonos a una falta de consideración que comienza pintando a Baltasar y a quienes le acompañan.
No son chorradas como muchos dicen, no son ganas de buscarle más pies a los que tiene el gato. Es sencillamente saber qué se está organizando, valorar el significado, dejarse de amiguismos y convertir ese acto tan especial en algo realista, tradicional y diferente a cualquier otro festejo porque si metemos todo en el mismo saco entonces habremos perdido el norte sin posibilidad de enmienda.
Pero claro, si convertimos esto en un club de fans pues tenemos una mezcla algo extraña y la Navidad se nos queda como un acople vacacional más sin que los niños entiendan realmente qué revivimos, por qué había unos Magos de Oriente y qué sentido tiene que vengan a adorar al niño que ni siquiera está pero hemos dicho que ha nacido.
Nada cambiará, es cosa de tiquismiquis.







El Belén, un rinocerante, un Rey pintado simulando a Baltasar .
El hilo conductor del artículo es bestial, y por ello , brillante.